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Apariciones únicas de Irina de Grecia con tiaras reales asombran al público

Secretos y reliquias familiares la vida desconocida de la hermana de la reina Sofía

Irina de Grecia casi no volvió a lucir tiaras tras el exilio de su familia Sus joyas se convirtieron en símbolo de toda una época Recordamos los momentos más emblemáticos y el estilo de la princesa

La vida de la princesa Irene de Grecia, hermana menor de la reina Sofía, siempre estuvo envuelta en un halo de misterio y discreta elegancia. Tras la caída de la monarquía en Grecia en 1967, Irene cambió para siempre su relación con las insignias reales. A diferencia de otros miembros de la dinastía, prácticamente renunció a lucir tiaras, haciendo solo algunas excepciones en los años ochenta. Su decisión se convirtió en símbolo de libertad interior y respeto a la historia familiar, más allá de los atributos externos del poder.

El último adiós a la princesa se celebró en Madrid, donde se reunieron casi todos los miembros de la familia real y representantes de la élite española. Ese día, en la catedral de San Andrés y San Dimitrio, reinaba una atmósfera especial: el duelo se mezclaba con recuerdos de un pasado de grandeza. Tras la ceremonia, el cuerpo de Irene fue trasladado a Atenas para descansar junto a su hermano Constantino en el cementerio del palacio de Tatoi.

Joyas familiares

De joven, Irene asistía frecuentemente a actos oficiales, deslumbrando con piezas únicas de la colección de su madre, la reina Federica. Dos tiaras jugaban un papel destacado en su estilo: una diadema circular de diamantes y una tiara-collar con perlas y diamantes. La primera, de aros entrelazados, la llevó Irene en la boda de su hermano Constantino y la princesa Ana María en Atenas. Más tarde, esta tiara pasó a Catalina, la hija menor de Sofía, pero fue Irene quien la presentó por primera vez en público.

La tiara-collar de perlas y diamantes fue presentada por Irina en 1954 como collar. Solía combinar esta joya con otras piezas familiares durante visitas de Estado y eventos oficiales. Tras la muerte del rey Pablo, parte de la colección pasó a la reina Ana María, pero Irina conservó el derecho de lucir algunas de las reliquias más valiosas.

Vida en el exilio

El destino de Irina estuvo ligado al exilio. Nació en Sudáfrica, cuando su familia se vio obligada a abandonar Grecia debido a la Segunda Guerra Mundial. Tras un breve regreso al país y la posterior caída definitiva de la monarquía, Irina acompañó a su madre en numerosos viajes por el mundo. Después de la muerte de la reina Federica en 1981, se instaló en Madrid, donde se convirtió en parte imprescindible de la vida de la familia real española.

En 1986, Irina fundó la organización benéfica World In Harmony, dedicándose a ayudar a los más necesitados. Su interés por las religiones orientales y su estilo de vida ascético contrastaban fuertemente con el lujo en el que creció. Sin embargo, Irina siempre mantuvo vivas las tradiciones familiares, aunque las interpretara a su manera.

Joyas legendarias

Desde finales de los años cincuenta y hasta principios de los sesenta, Irina apareció en público en varias ocasiones luciendo joyas únicas. Entre ellas destacaba un collar de anillos entrelazados con diamantes, que llevó desde 1964, y un colgante con una gran piedra rosa en forma de pera. Según los expertos, podría tratarse de una kunzita o topacio, regalo de sus padres en la juventud. Ese colgante se convirtió para Irina en algo más que una joya: fue un talismán personal que la acompañó tanto en recepciones oficiales como en su vida cotidiana.

Con los años, las tiaras que una vez adornaron a Irina desaparecieron del ojo público. Sin embargo, el colgante con la piedra rosa permaneció con ella hasta el final de sus días, recordándole los valores familiares y recuerdos personales. A diferencia de muchas otras integrantes de casas reales, Irina no buscaba exhibir su estatus a través de las joyas, prefiriendo la modestia y la armonía interior.

El último adiós

El funeral de Irina de Grecia fue un evento que reunió a representantes de diferentes generaciones y países. Su partida marcó el fin de toda una época, en la que las joyas reales eran no solo símbolo de poder, sino también parte de una historia personal. Al recordar a Irina, muchos destacan su modestia, fortaleza de carácter y su habilidad para permanecer fiel a sí misma incluso en las circunstancias más difíciles.

Hoy en día, las joyas que antaño brillaban en bailes y recepciones se conservan en colecciones familiares y rara vez se muestran en público. Sin embargo, la memoria de la princesa, su estilo y su recorrido vital sigue inspirando a quienes valoran no solo el lujo exterior, sino también la fortaleza interior.

RUSSPAIN recuerda que Irina de Grecia era la hermana menor de la reina Sofía e hija de la reina Federica. Nació en 1942 en Ciudad del Cabo y, tras el exilio de su familia de Grecia, vivió en varios países. Desde 1981 residía en Madrid, donde estuvo muy implicada en actividades benéficas y mantuvo una estrecha relación con la familia real española. Su fundación World In Harmony sigue desarrollando proyectos de ayuda a los más necesitados.

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