
El último fin de semana de septiembre de 2025 fue excepcionalmente rico en bodas de celebridades, pero hubo una celebración que acaparó toda la atención. En Toledo, en la histórica iglesia del Hospital de Tavera, se dieron el sí quiero Lucía Entrecanales, la segunda hija del vicepresidente de Acciona, Juan Ignacio Entrecanales, y su pareja de toda la vida, el empresario Laszlo Bene. La ceremonia, que comenzó alrededor del mediodía, reunió a los clanes empresariales más influyentes del país, convirtiendo la ciudad antigua en el epicentro de la vida social.
La elección del lugar de la boda no fue casual. La basílica, donde anteriormente contrajeron matrimonio otras parejas reconocidas, volvió a ser testigo de la unión de dos corazones. Tras el servicio religioso, la celebración continuó en la finca Estiviel, propiedad del padre de la novia, donde a los invitados les esperaba un banquete de lujo. Entre los presentes destacó la icónica Sassa de Osma acompañada de su esposo Christian de Hannover. Ella causó sensación luciendo un elegante vestido de su propia marca, Philippa 1970, valorado en 440 euros, y se ganó con razón el título de la invitada más elegante de la noche.
Fiel a la buena tradición, la novia llegó con un pequeño retraso. Del brazo de su padre, quien la acompañó hasta el altar, Lucía apareció ante los invitados y todas las miradas se dirigieron de inmediato hacia su vestido nupcial. Fue una apuesta arriesgada de estilo boho, complementada con llamativas joyas familiares.
El vestido de la novia se convirtió en una verdadera obra de arte. El modelo original, con finos tirantes, estaba casi completamente cubierto de pequeños volantes confeccionados en delicado encaje. Un encanto especial le aportaban el borde sin rematar del escote y la elaborada técnica de fruncido tipo “panal”. Este look manifestaba en voz alta la individualidad y el gusto poco convencional de su dueña.
El conjunto se completaba con accesorios cuidadosamente seleccionados. Un velo largo con motivos florales bordados, fijado en un moño bajo pulido, se transformaba en una elegante capa que cubría los hombros durante la ceremonia. En la parte delantera, lo sujetaba un broche precioso, lo que permitió respetar el código de vestimenta de la iglesia sin renunciar al diseño abierto del vestido. El ramo vibrante de flores silvestres creaba un interesante contraste con las joyas barrocas, que, al parecer, son reliquias familiares. Un collar-choker de perlas y pendientes pequeños pusieron el toque final a uno de los looks nupciales más memorables del año.












