
La inauguración de los XXV Juegos Olímpicos de Invierno en Milán y Cortina marcó un antes y un después en la percepción de los deportes de invierno en España. Por primera vez, la selección nacional desfiló con veinte deportistas, un récord absoluto para el país. Este hecho no solo evidenció el creciente interés por las disciplinas invernales, sino que también demostró que España está dispuesta a competir por medallas al mismo nivel que las principales potencias.
Especial atención recibieron los abanderados: la patinadora Olivia Smart y el esquiador alpino Kim Salarich. Su presencia en la ceremonia fue símbolo de una nueva generación de atletas españoles que no temen desafiar el hielo y la nieve en escenarios internacionales. Aquella noche, no solo los aficionados, sino todo el país los apoyó con emoción, siguiendo la transmisión con el corazón en vilo.
Ceremonia doble
Los organizadores de la Olimpiada sorprendieron a todos: por primera vez en la historia, la inauguración se celebró simultáneamente en cuatro ciudades y la llama olímpica se encendió a la vez en dos lugares: junto al Arco de la Paz en Milán y en la plaza Dibona de Cortina. Este formato provocó una oleada de emociones y se convirtió en tema de debate en los círculos deportivos. Miles de personas salieron a las calles, pese al frío, para ser parte de este momento histórico.
El estadio San Siro de Milán se transformó en un punto de encuentro donde el espectáculo de luces y las actuaciones de artistas crearon un ambiente de auténtica celebración. La cultura italiana estuvo presente en cada detalle de la ceremonia, desde los trajes hasta los números musicales. La aparición de estrellas mundiales como Mariah Carey y Laura Pausini desató un entusiasmo especial: sus voces unieron al público en un solo impulso.
El protagonismo español
España ocupó la posición 77 en el desfile de naciones, pero fue su delegación la que sobresalió entre las más notables. Olivia Smart y Kim Salarich no solo portaron la bandera, sino que marcaron el ritmo del equipo. En Bormio y Predazzo, los deportistas españoles también dejaron huella, sorprendiendo a muchos expertos con su presencia.
Esa noche, la selección española se mostró especialmente unida. Los atletas se apoyaron mutuamente y los aficionados no ocultaron sus emociones. Para muchos jóvenes deportistas, participar en un evento de tal magnitud fue un sueño hecho realidad; para el país, un motivo de orgullo y nuevas esperanzas.
El punto álgido de la noche
El momento culminante de la ceremonia fue el encendido de la llama olímpica. Las leyendas del deporte Alberto Tomba, Deborah Compagnoni y Sofia Goggia encendieron los pebeteros de Milán y Cortina, mientras el célebre tenor Andrea Bocelli interpretó una emotiva composición que se convirtió en el símbolo musical de estos Juegos. En ese instante, miles de miradas estaban fijas en las pantallas y el ambiente en el estadio alcanzó su punto máximo.
Tras los discursos oficiales y el juramento de los deportistas quedó claro: los Juegos Olímpicos de 2026 prometen ser los más vibrantes e impredecibles de las últimas décadas. El equipo español está más preparado que nunca y ya se ha presentado como un rival serio.
Mirando hacia el futuro
La llama olímpica arderá hasta el 22 de febrero, cuando se celebre la ceremonia de clausura en Verona. Ya se debate quiénes de los atletas españoles lograrán sorprender al mundo y traer las ansiadas medallas. Por delante esperan días intensos, llenos de lucha, emociones y giros inesperados.
Para España, estos Juegos no son solo un acontecimiento deportivo, sino un verdadero reto y una oportunidad para reivindicarse en el escenario mundial. Por primera vez en muchos años, el país se siente parte de un gran movimiento olímpico, donde cada deportista representa una historia y cada victoria supone un paso hacia nuevas metas.
Olivia Smart, una de las grandes protagonistas de la ceremonia, nació en el Reino Unido, pero desde hace años representa a España en competiciones internacionales de patinaje artístico. Su camino hacia el éxito no fue fácil: mudanzas, cambio de nacionalidad, entrenamientos constantes y la lucha por un puesto en el equipo nacional. En los últimos años se ha convertido en un símbolo de perseverancia e inspiración para los jóvenes deportistas, y sus actuaciones despiertan siempre admiración en el público. En Milán, Olivia no solo llevó la bandera, sino que también se consolidó como el rostro de una nueva era para los deportes de invierno españoles, abriendo camino a las futuras generaciones.












