
En la historia de la España contemporánea hay figuras cuya influencia fue enorme, aunque permanecieron a la sombra del monarca. Una de estas personalidades clave fue Nicolás Cotoner y Cotoner, XXII marqués de Mondéjar. Para el rey honorario Juan Carlos I, no era simplemente un consejero, sino un mentor, un amigo y la persona a quien el monarca llamaba su «padre adoptivo».
Los caminos del futuro rey y del aristócrata se cruzaron cuando Juan Carlos tenía 17 años. El marqués, que entonces ostentaba el título de conde de Tendilla, se convirtió en uno de sus tutores. Preparó al joven príncipe para ingresar en la Academia Militar de Zaragoza, sentando las bases de una amistad y confianza que se prolongarían durante muchos años. Este vínculo se fortaleció cuando, en 1969, Cotoner asumió la Jefatura de la Casa del Príncipe y, tras la proclamación de Juan Carlos como rey en 1975, fue nombrado Jefe de la Casa del Rey, cargo que ocupó durante 15 años.
El papel del marqués de Mondéjar fue especialmente relevante en un momento crucial para el país: la transición de la dictadura a la democracia. Sus consejos prudentes y su apoyo inquebrantable fueron un pilar fundamental para el joven monarca en años de inestabilidad política, incluida la tentativa de golpe de Estado de 1981. Su figura —aristócrata respetado, siempre un paso detrás del rey— se convirtió en símbolo de estabilidad y lealtad a la Corona.
La profundidad de su relación quedó demostrada por la reacción de los reyes ante su fallecimiento el 6 de marzo de 1996. Juan Carlos y Sofía acudieron de inmediato a la casa del marqués para expresar sus condolencias a la viuda y a sus cinco hijos, permaneciendo con ellos hasta altas horas de la noche. En señal del más alto respeto, el rey concedió a Cotoner el título de jefe vitalicio de la Casa Real. Antes, en el 90 cumpleaños de su mentor, los monarcas interrumpieron sus vacaciones para felicitarlo personalmente, organizando una emotiva sorpresa.
La lealtad del marqués hacia la Corona fue absoluta y se extendió más allá de su vida. Según su testamento, tras su fallecimiento, la familia quemó todo el archivo personal que había reunido durante 15 años de servicio. Más de un centenar de cartas y documentos valiosos, que contenían información sobre los acontecimientos detrás de la transición democrática española, fueron destruidos. Este acto fue la máxima muestra de lealtad, preservando para siempre los secretos de aquella época.
Nicolás Cotoner nació en Palma de Mallorca el 19 de octubre de 1905. Tras licenciarse en derecho, participó en la Guerra Civil apoyando a los franquistas, donde resultó gravemente herido y fue condecorado con la medalla militar, alcanzando el rango de general de caballería. En 1945 se casó con María de la Trinidad Martos y Sabalburu, vizcondesa de Ugena, con quien tuvo cinco hijos.
El vínculo entre la familia real y la familia Cotoner no se ha roto. La finca La Escorzonera, ubicada en las afueras de Madrid y residencia de los hijos del marqués, se convirtió para Juan Carlos I en un refugio donde siempre encontraba apoyo y absoluta confidencialidad. Fue allí donde pasó tiempo antes de su partida a Abu Dabi. La hija mayor del marqués, Marta, es una de las amigas más cercanas de la reina Sofía. Por sus servicios, el marqués de Mondéjar fue distinguido con la más alta condecoración de España, el Toisón de Oro, en 1977.












