
Por primera vez en la historia de la astronomía, los científicos han logrado obtener una imagen de una estrella compañera ubicada en las inmediaciones de un gigante rojo masivo en la rama asintótica. Este hito fue posible gracias al uso de los radiotelescopios ALMA, que permitieron observar detalles previamente ocultos tras densas nubes de gas y polvo.
Los sistemas binarios son un fenómeno bastante común entre las estrellas, especialmente entre aquellas cuya masa supera 0,8 masas solares. La mayoría de ellas, en cierto momento, se transforman en gigantes con dimensiones enormes y un brillo hasta decenas de miles de veces mayor que el del Sol. Sin embargo, detectar un pequeño compañero cerca de un objeto así resulta extremadamente difícil debido a la intensa emisión estelar y la turbulencia del entorno circundante.
La estrella Pi¹ Gruis A, situada a unos 530 años luz de la Tierra, ha despertado especial interés entre los investigadores. Alguna vez fue similar a nuestro Sol, pero ahora su radio se ha multiplicado por 400 y su luminosidad es siete mil veces mayor. A su alrededor se está formando una densa envoltura de gas y polvo, lo que complica las observaciones.
Anteriormente, los astrónomos notaron en algunos de estos gigantes inusuales fluctuaciones de brillo, lo que podía indicar la presencia de una compañera cercana. Pi¹ Gruis A resultó ser uno de esos candidatos, por lo que un equipo de especialistas decidió realizar un estudio más detallado utilizando ALMA.
Como resultado de las observaciones, se logró identificar una estrella compañera denominada Pi¹ Grus C. Esta orbita alrededor del gigante a una distancia de 6,81 unidades astronómicas, que equivale aproximadamente a la distancia entre el Sol y Júpiter. El período orbital es de casi 12 años, y alrededor de la estrella acompañante se está formando un disco de acreción.
Según los datos preliminares, Pi¹ Grus C podría ser una estrella amarillo-blanca de la secuencia principal de tipo espectral F, o bien una enana blanca masiva. Para determinar con precisión su naturaleza, están previstas observaciones adicionales utilizando un telescopio espacial.
Lo que sorprendió a los científicos fue la forma casi circular de la órbita del satélite. Normalmente, en este tipo de sistemas, las trayectorias son alargadas, como confirman las simulaciones computacionales y observaciones de otras parejas en etapas avanzadas de evolución. Este descubrimiento pone en duda las teorías actuales y exige revisar los modelos de interacción estelar en sistemas binarios.
La presencia de un compañero en esta etapa de vida del gigante puede influir significativamente en los procesos de pérdida de masa, la estructura del viento estelar y la formación de nebulosas planetarias. La imagen obtenida abre nuevas oportunidades para estudiar la dinámica de estos objetos y podría llevar a reconsiderar las ideas sobre las etapas finales de la evolución estelar.












