
¿Qué pasará con las tradiciones religiosas si la humanidad comienza a vivir en otros planetas? Esta es la premisa del cortometraje «Fiddler on the Moon: Judaism in Space», que ya ha generado intensos debates en festivales de todo el mundo. Los creadores del filme —Seth Kramer, Daniel Miller y Jeremy Newberger— convocaron a astronautas, científicos y rabinos para analizar cómo podría adaptarse el judaísmo a la vida más allá de la Tierra. El enfoque va más allá de los aspectos técnicos e incluye profundas cuestiones filosóficas: ¿cómo celebrar el Shabat si en órbita hay hasta 16 amaneceres y atardeceres por día, o cómo seguir el calendario lunar en Marte, donde un día es casi 40 minutos más largo que el terrícola?
En la película se recogen las opiniones del astrofísico Neil deGrasse Tyson, el astronauta israelí Ilan Ramon, así como rabinos que buscan un equilibrio entre las tradiciones ancestrales y las nuevas realidades. Su conclusión es sencilla: la adaptación es la clave para la supervivencia de la fe en cualquier circunstancia. Esta idea atraviesa toda la historia del pueblo judío, que durante siglos ha tenido que modificar su modo de vida para preservar su identidad.
Retos más allá de la Tierra
Un lugar especial en la película ocupa la historia de Ilan Ramon, el primer astronauta israelí, que falleció en el desastre del transbordador Columbia en 2003. Antes del vuelo, consultó al rabino Zvi Konikov con la pregunta: ¿cómo celebrar el shabat en el espacio? En la EEI, un día pasa en apenas 90 minutos y los atardeceres y amaneceres se suceden a gran velocidad. El rabino sugirió guiarse por el horario del centro de control de vuelo en Houston, lo que marcó un precedente para las futuras generaciones de viajeros espaciales.
Preguntas similares ya habían surgido antes: durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados judíos que se encontraban dentro del círculo polar no podían determinar el inicio del shabat debido al sol de medianoche. Entonces, los rabinos recomendaron utilizar la hora de la ciudad grande más cercana. Estas soluciones muestran que la religión es capaz de adaptarse con flexibilidad a los desafíos del tiempo y el espacio.
Tradiciones y ciencia
Los autores de la película subrayan que la ciencia y la fe no se contradicen, sino que pueden ir de la mano. Daniel Miller destaca que el debate sobre asuntos religiosos en el espacio comenzó mucho antes del vuelo de Ramon, ya en 1969, tras la llegada del hombre a la Luna. Desde entonces, científicos y teólogos siguen buscando respuestas a preguntas que antes parecían de ciencia ficción: cómo practicar rituales religiosos en Marte, donde el calendario lunar pierde sentido y los satélites locales son apenas puntos diminutos en el cielo.
En la película, el llamado ‘rabino de ciencia ficción’ Josh Breindel expresa la opinión de que, incluso si las tradiciones se ven alteradas, lo fundamental es mantener la unidad de la comunidad. Tyson añade que los rituales colectivos son la base de toda religión y preservarlos es clave para mantener vínculos entre las personas, aunque se encuentren en planetas distintos.
Comunidad espacial
Las cuestiones sobre la práctica religiosa en el espacio ya no parecen cosa de un futuro lejano. En 2019, la astronauta de la NASA Jessica Meir se hizo famosa por una foto usando calcetines con símbolos de Janucá a bordo de la EEI. En esa misma misión, junto a Christina Koch, protagonizaron la primera caminata espacial de la historia realizada por una tripulación compuesta solo por mujeres. En los próximos años, la NASA prevé nuevas misiones a la Luna y la creación de una base permanente, lo que plantea nuevos desafíos para las comunidades religiosas.
El rabino Ben-Tzion Spitz, creador del calendario judío para Marte, está convencido de que la experiencia de sobrevivir en las condiciones más extremas ayudará a los judíos a adaptarse también en el espacio. La historia del pueblo judío está llena de ejemplos de migraciones forzadas y la creación de nuevas comunidades, desde la expulsión de Europa hasta la fundación de los kibutz en Israel. Estas habilidades de autoorganización y adaptación pueden convertirse en la base para los futuros asentamientos espaciales.
Replantear la experiencia
Jessica Meir comparte en el documental la historia de su familia: su padre, nacido en Bagdad en 1925, se vio obligado a abandonar su país natal debido al creciente antisemitismo y emigrar a Israel. Según los autores, es precisamente la experiencia colectiva de superar dificultades y crear nuevas formas de vida lo que podría ser clave para lograr una integración exitosa en una sociedad espacial. Kelly Weinsersmith, coautora del libro «A City on Mars», opina que los kibutz son el modelo ideal para los primeros asentamientos en otros planetas: el trabajo comunitario, la ayuda mutua y la autosuficiencia serán fundamentales para sobrevivir en condiciones extremas.
La película no ofrece respuestas definitivas, pero plantea cuestiones importantes: ¿cambiará la experiencia judía en la era espacial? ¿Logrará la humanidad superar traumas históricos y forjar nuevas formas de unidad? El estreno de «Fiddler on the Moon» tuvo lugar en el Festival Internacional de Cine Judío de Boca Raton, y la película ya ha recibido varios premios y nominaciones, incluyendo una en los Critics Choice Documentary Awards 2025. La gira por EE UU se prolongará hasta abril de 2026 y el interés por la cinta sigue creciendo: se debate no solo en foros religiosos, sino también en espacios científicos y culturales.
Si no lo sabía, «Fiddler on the Moon: Judaism in Space» es una colaboración de los directores Seth Kramer, Daniel Miller y Jeremy Newberger, reconocidos por sus documentales que exploran la intersección entre ciencia, cultura e historia. La película ya ha sido premiada en varios festivales y sus creadores participan activamente en debates sobre el futuro de la religión y la sociedad en la era de la exploración espacial. Entre los protagonistas se encuentran astronautas de la NASA, destacados científicos y rabinos, así como representantes de comunidades judías que comparten historias personales y reflexiones sobre el porvenir. El proyecto sigue en gira por Estados Unidos, llenando salas en sus proyecciones en diferentes ciudades del país.












