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No se detectan procesos tectónicos en Europa lo que reduce las posibilidades de vida en el océano

¿Oculta Europa, la luna helada de Júpiter, la clave para nuevas formas de vida

Un estudio revela que en Europa casi no hay actividad tectónica. Esto limita el aporte de nutrientes al océano. Las probabilidades de que exista vida bajo el hielo son menores de lo esperado.

Bajo la gruesa capa de hielo de Europa, luna de Júpiter, se oculta un océano que durante mucho tiempo ha fascinado a la comunidad científica. Una costra de hielo, que alcanza decenas de kilómetros de espesor, aísla este mundo acuático del espacio exterior, y debajo de ella se encuentra un fondo rocoso sobre el que se sabe alarmantemente poco. Según los investigadores, precisamente en la frontera entre el agua y la roca podría surgir la vida, siempre que encuentre una fuente de energía. Sin embargo, nuevos datos ponen en duda este escenario optimista.

En la Tierra, los procesos tectónicos en el fondo marino garantizan un flujo constante de rocas frescas y, con ellas, de nutrientes necesarios para el sustento de la vida. El agua penetra en las profundidades a través de fisuras formadas por el movimiento de las placas y, al interactuar con las rocas calientes, se enriquece con elementos químicos. Posteriormente, estos compuestos son expulsados al océano por fuentes hidrotermales, generando ecosistemas únicos. Pero ¿qué ocurre en Europa?

Un modelo sin esperanza

Un equipo de científicos liderado por Paul Byrne desarrolló un nuevo modelo para evaluar la probabilidad de procesos tectónicos en el fondo de Europa. En los cálculos se tuvieron en cuenta las fuerzas de marea provocadas por la influencia gravitatoria de Júpiter, el enfriamiento y la compresión gradual del interior de la luna, así como la convección de calor en el manto. Sin embargo, ninguno de estos factores resultó lo suficientemente potente como para generar fracturas y movimientos de rocas comparables a los terrestres.

Las fuerzas de marea, responsables de la subida y bajada del nivel del mar en la Tierra, también existen en Europa. Sin embargo, para que estas fuerzas puedan fracturar el lecho rocoso, la órbita del satélite tendría que ser mucho más excéntrica que la actual. Incluso si las mareas provocan grietas en las capas superficiales, no alcanzan la profundidad suficiente como para exponer nuevas rocas.

Enigmas hidrotermales

Otro posible mecanismo es la contracción del núcleo a medida que se enfría. Durante miles de millones de años, Europa podría realmente haber disminuido de tamaño, pero esto no ha sido suficiente para formar grandes fracturas. Por ejemplo, la Luna se ha encogido apenas unas decenas de metros en toda su historia, mientras que Marte, alrededor de siete kilómetros. Según los cálculos, Europa debería haberse contraído varios kilómetros para que surgieran las grietas necesarias, pero esto no ha ocurrido.

La ausencia de actividad tectónica es una mala noticia para quienes esperaban encontrar vida en el océano bajo el hielo. En la Tierra, precisamente las fuentes hidrotermales, conocidas como ‘fumadores negros’, proporcionan energía y nutrientes a las profundidades oceánicas. En Europa, según el nuevo modelo, fuentes tan potentes no serían posibles. Solo cabe esperar sistemas hidrotermales menos activos y más fríos, que podrían existir cerca de la superficie del fondo marino. Sin embargo, su potencial energético y su duración generan muchas dudas.

En busca de alternativas

Si ni la tectónica ni las fuentes hidrotermales proporcionan a Europa los compuestos necesarios, queda la pregunta: ¿de dónde más podría venir la energía para la vida? Una posibilidad es la desintegración radiactiva en el interior del satélite, aunque aún no se sabe cuán significativo es este proceso. Otra opción es el impacto de meteoritos, que al atravesar la corteza de hielo podrían llevar nutrientes de la superficie al océano. Sin embargo, el grosor del hielo y la falta de canales directos entre la superficie y el océano hacen que esta vía sea muy poco probable.

En los próximos años, la misión Europa Clipper de la NASA, que ya se dirige al satélite, podría dar respuesta a estas preguntas. La nave buscará señales de intercambio de materiales entre la superficie y el océano, y evaluará la posibilidad real de vida bajo el hielo. Pero por ahora, los científicos reconocen que Europa resulta mucho menos hospitalaria de lo que esperaban los más optimistas.

Mirando al futuro

Los resultados de la investigación invitan a reflexionar también sobre otros satélites helados del Sistema Solar. Según Byrne, una situación similar podría darse en otros mundos oceánicos, salvo quizás en Encélado —el satélite de Saturno—, donde ya se han detectado géiseres activos. No obstante, pese a las conclusiones pesimistas, los científicos no descartan la posibilidad de hallar vida bajo el hielo de Europa. Los mundos con océanos subterráneos siguen siendo algunos de los objetos más intrigantes para las futuras investigaciones.

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