
Mientras una de las hermanas Zorreguieta lleva la corona de los Países Bajos, la otra ha dedicado su vida a descifrar los misterios del mundo molecular. Ángeles Zorreguieta, la hermana mayor de la reina Máxima, eligió un camino alejado de las intrigas palaciegas y el foco público, convirtiéndose en una de las científicas más destacadas de Argentina. Comparten raíces en Argentina, y su apellido de origen vasco parece aludir a la tenacidad y la determinación que cada una de las hermanas ha demostrado en su ámbito.
La trayectoria académica de Ángeles estuvo marcada por su brillante inteligencia y pasión por el conocimiento. Se graduó como química en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires en 1983. El punto culminante de su formación fue la defensa de su tesis doctoral cinco años después. Este periodo tuvo un significado especial, ya que su director de tesis fue el propio Premio Nobel Luis Federico Leloir. Ángeles fue su última alumna, absorbiendo conocimientos y enfoques de investigación de uno de los grandes intelectuales de su época, lo que sin duda sentó las bases de sus futuros logros.
Tras adquirir una valiosa experiencia en su país natal, Ángeles se trasladó a Europa para continuar su desarrollo profesional. Realizó una estancia posdoctoral en microbiología molecular en Norwich, Reino Unido, trabajando en el centro internacional de genética John Innes Centre. Este periodo le permitió sumergirse en investigaciones de vanguardia a nivel mundial y establecer contactos científicos clave. Sin embargo, en 2001, a pesar de las oportunidades que se le ofrecían en el extranjero, decidió regresar a Buenos Aires. Impulsada por el deseo de contribuir al avance de la ciencia argentina, se incorporó al equipo de investigadores de la Fundación Instituto Leloir y comenzó a dar clases en su universidad de origen.
Su carrera en Argentina avanzó rápidamente. Su talento y dedicación la llevaron a ocupar el cargo de directora del Instituto Leloir en 2017. Bajo su liderazgo, esta prestigiosa institución continúa desarrollando investigaciones fundamentales, incluyendo la creación de fármacos para combatir enfermedades oncológicas. Uno de los mayores logros del equipo de Ángeles se produjo en 2015, cuando los científicos identificaron el papel clave de una molécula determinada, lo que abre posibilidades para desarrollar fertilizantes más eficaces y, especialmente, para combatir infecciones hospitalarias resistentes a los antibióticos.
La contribución de Ánxeles Sorreguieta a la ciencia es enorme: más de setenta publicaciones en prestigiosas revistas internacionales y once tesis doctorales defendidas con éxito bajo su dirección. No solo ha construido un legado científico, sino también una familia sólida donde la ciencia ocupa un lugar central: su esposo, Adrian Voynov, también es un reconocido científico. A pesar de su estrecho parentesco con una de las figuras monárquicas más conocidas de Europa, Ánxeles prefiere mantenerse en un segundo plano, dejando que sean sus descubrimientos científicos, y no sus lazos familiares, los que hablen por ella.












