
En las profundidades del cosmos, donde reinan la oscuridad y el caos, nacen nuevas estrellas. Precisamente allí, en la nebulosa NGC 1333, el telescopio Hubble captó el momento en que jóvenes astros se forman a partir de nubes de gas y polvo. No es solo una imagen hermosa, sino una ventana al pasado del Universo, que permite ver cómo del caos surge el orden.
La protagonista es una protoestrella rodeada de un denso capullo de materia. Aún no ha completado su formación, pero ya absorbe activamente el material circundante. La gravedad comprime la nube, haciéndola cada vez más densa, hasta que aparece un núcleo caliente. Así comienza la vida de una estrella, y este proceso resultó ser mucho más turbulento de lo que los científicos suponían.
Las protoestrellas actúan de manera sumamente impredecible. No solo acumulan material de forma ordenada, sino que su crecimiento se acompaña de potentes chorros de gas y polvo. Estos flujos, como auténticas fuentes cósmicas, atraviesan las nubes cercanas y escapan al exterior a gran velocidad. Así se forman cavidades y canales que, en el futuro, serán la cuna de nuevos planetas e incluso de sistemas estelares completos.
La dinámica del nacimiento
NGC 1333 se encuentra en la nube molecular de Perseo (Perseus), a unos 950 años luz de la Tierra. Este lugar fascina a los astrónomos desde hace tiempo, ya que permite observar todas las etapas de la formación estelar. Hubble hizo posible analizar detalles antes ocultos, como la brillante nebulosa de reflexión, ubicada junto a la protoestrella y su disco.
En algunas regiones de la nube, la luz de una joven estrella logra escapar al exterior, reflejándose en diminutas partículas de polvo. Así surge una nebulosa de reflexión: un resplandor enigmático que parece enmarcar al astro que empieza a formarse. Dos bandas oscuras que cruzan esta mancha luminosa indican la presencia de un disco protoplanetario. Es precisamente en estos discos donde, tras millones de años, pueden surgir planetas similares a la Tierra.
Según los científicos, estas bandas no son simples sombras, sino huellas de la compleja estructura que rodea a la joven estrella. El disco proyecta una sombra sobre las capas externas de la nube, formando un patrón característico. Detalles como este ayudan a entender cómo se forman los sistemas planetarios y por qué este proceso es tan diverso.
Destellos y pausas
Uno de los mayores enigmas es por qué las estrellas crecen de manera desigual. Investigaciones en NGC 1333 demostraron que el crecimiento de las protoestrellas ocurre a saltos. En ciertos momentos, absorben enormes cantidades de materia y luego se detienen temporalmente. Estos estallidos de actividad van acompañados de corrientes expulsadas que dejan en la nube marcas características: una especie de sellos temporales que permiten rastrear la historia de su formación.
Las observaciones de alta precisión en los rangos infrarrojo y visible permiten a los astrónomos literalmente leer el pasado de una estrella. Cada eyección es testimonio de una nueva etapa de crecimiento. Este enfoque ayuda a entender por qué algunas estrellas llegan a ser masivas, mientras que otras permanecen enanas. Resulta que todo depende de cuán eficazmente la protoestrella es capaz de ‘digerir’ la materia circundante.
En NGC 1333, estos procesos ocurren por doquier. Aquí se pueden observar no solo estrellas individuales, sino también agrupaciones de astros jóvenes que interactúan entre sí, formando una compleja red de conexiones. Es una verdadera incubadora cósmica, donde cada nuevo descubrimiento puede cambiar radicalmente nuestra visión sobre el origen del Sistema Solar.
Laboratorio espacial
Las zonas activas de formación estelar, como NGC 1333, se consideran laboratorios ideales para estudiar la evolución del universo. Aquí se observa cómo, a partir de ingredientes simples —gas, polvo y tiempo— surgen estructuras complejas. Cada imagen captada por el Hubble revela nuevos detalles: desde partículas diminutas hasta nubes gigantescas donde se esconden futuras estrellas.
Se presta especial atención a los discos protoplanetarios, justo ahí donde se forman planetas, satélites e incluso cometas. Al analizar su estructura, los astrónomos esperan comprender por qué en algunos sistemas aparecen gigantes gaseosos y en otros, mundos rocosos. Las respuestas a estas preguntas permitirán no solo desvelar secretos de galaxias lejanas, sino también explicar cómo surgió la Tierra.
En los últimos años, las observaciones de NGC 1333 se han vuelto aún más precisas. El uso de nuevas técnicas de procesamiento de datos permite detectar incluso las señales más débiles que emiten las estrellas jóvenes. Esto brinda la oportunidad de descubrir objetos previamente desconocidos y seguir su evolución en tiempo real.
Cuna de estrellas
El nacimiento de las estrellas es un proceso donde se mezclan el caos y la armonía. Por un lado, la gravedad busca reunir toda la materia en un solo punto. Por otro, poderosas eyecciones y colisiones generan desorden e impiden la formación de estructuras estables. Este equilibrio es el que determina cómo serán los futuros sistemas planetarios.
NGC 1333 no es solo un objeto hermoso en el cielo nocturno. Es el lugar donde se puede observar cómo del caos surge el orden y de nubes desordenadas nacen nuevos mundos. Cada nueva imagen obtenida por el Hubble es un paso más hacia el misterio principal del Universo: cómo a partir de elementos simples se origina la vida compleja.
Los astrónomos están convencidos de que el estudio de estas regiones permitirá no solo comprender el pasado, sino también predecir el futuro. Porque aquí, en lo profundo del cosmos, se sientan las bases para el surgimiento de nuevas estrellas, planetas y, posiblemente, vida.
RUSSPAIN recuerda que el telescopio espacial Hubble fue lanzado en órbita en 1990 y desde entonces ha revolucionado la astronomía. Gracias a sus capacidades únicas, los científicos han podido explorar los rincones más remotos del universo, descubrir miles de nuevos objetos y obtener imágenes con una precisión sin precedentes. Hubble sigue en funcionamiento hoy en día, a pesar de su antigüedad, y continúa siendo una de las principales herramientas para el estudio del cosmos.












