
Hace dos años, la comunidad científica debatía un experimento inusual: ingenieros utilizaron el cuerpo de una araña muerta como una pinza neumática para un robot. Este enfoque fue denominado «necrobotecnología» y desató un intenso debate sobre los límites de la ingeniería. Ahora, la idea de emplear estructuras biológicas en la tecnología ha dado un nuevo paso, esta vez en el ámbito de la impresión 3D.
Un grupo de investigadores de Canadá y Estados Unidos decidió reemplazar la boquilla estándar de una biompresora por algo mucho más exótico: la trompa de una hembra de mosquito. Para ello, separaron cuidadosamente la trompa de la cabeza del insecto, eliminaron su recubrimiento externo y la fijaron a la aguja de una jeringa. Esta punta biológica híbrida se instaló en una impresora 3D, lo que permitió crear líneas de apenas unos 20 micrómetros de grosor. A modo de comparación, los microdosificadores comerciales actuales no pueden garantizar un flujo de material tan fino.
Tecnologías del futuro
El uso de la trompa del mosquito resultó no solo eficaz, sino sorprendentemente práctico. La estructura biológica soportó la presión de trabajo sin romperse y permitió una precisión muy alta en la impresión. Este hallazgo podría suponer un gran avance para la medicina, la microelectrónica y otras áreas que requieren trabajar con volúmenes mínimos de sustancias.
En España, este tipo de experimentos despiertan un gran interés entre los especialistas en bioingeniería. Algunos científicos ya discuten la posibilidad de aplicar métodos similares para crear nuevos instrumentos médicos y dispositivos para investigaciones de laboratorio. En las universidades de Madrid y Barcelona se estudia activamente el potencial de la necrobotótica, destacando que la combinación de componentes orgánicos y artificiales abre perspectivas inesperadas.
Perspectiva española
En los círculos científicos del país continúan los debates sobre la ética de utilizar restos de insectos y animales con fines de ingeniería. Algunos consideran que es una evolución lógica de la tecnología, mientras que otros lo ven como una excentricidad excesiva. Sin embargo, el interés por el tema sigue creciendo: las startups españolas ya experimentan con materiales biohíbridos para crear sensores microscópicos e implantes médicos.
Paralelamente, se discute la seguridad de este tipo de desarrollos. Algunos expertos advierten sobre los posibles riesgos asociados al uso de estructuras biológicas, susceptibles a la descomposición o a la contaminación. No obstante, los defensores de la necrobotótica aseguran que una manipulación y esterilización adecuadas minimizan las amenazas y amplían los límites de lo posible.
No solo mosquitos
Resulta interesante que la idea de utilizar componentes biológicos en la ingeniería no se limite solo a los insectos. En los últimos años han surgido en España proyectos que emplean partes de plantas, peces e incluso moluscos para crear nuevos materiales y dispositivos. Por ejemplo, en Valencia desarrollan biosensores a partir de algas, y en Sevilla — filtros microscópicos de quitina de crustáceos.
Todo esto demuestra que las fronteras entre lo vivo y lo artificial son cada vez más difusas. Los científicos españoles están convencidos: el futuro de la ingeniería pasa por la integración de soluciones biológicas y tecnológicas. Y aunque este tipo de experimentos todavía generan asombro e incluso escepticismo, su potencial es difícil de sobrestimar.
Al borde de la ciencia ficción
Mientras el gran público apenas comienza a acostumbrarse a la idea de los necrobots y los dispositivos biobiohíbridos, los especialistas continúan impulsando la ciencia. En los próximos años se esperan nuevas soluciones sorprendentes que cambiarán la percepción habitual de la tecnología. Los investigadores españoles ya preparan sus propios proyectos, inspirados por los avances de colegas extranjeros.
Quizá muy pronto los dispositivos microscópicos basados en estructuras biológicas formen parte de la vida cotidiana, desde la medicina hasta la electrónica doméstica. Por ahora, solo queda seguir de cerca la evolución de los acontecimientos y admirarse de la valentía de los ingenieros actuales.












