
En los últimos años, la órbita terrestre se está llenando rápidamente con miles de nuevos satélites, y esta tendencia ya ha superado las molestias habituales para los observatorios terrestres. Ahora, la luz reflejada por estos aparatos afecta cada vez más incluso a los telescopios espaciales, generando una seria preocupación en la comunidad científica. Según estimaciones de especialistas, actualmente hay unos 15.000 satélites orbitando el planeta, de los cuales más de la mitad pertenecen a la red Starlink desplegada por SpaceX. Solo esta constelación suma más de 9.000 dispositivos y su número sigue creciendo.
En 2023, los astrónomos detectaron por primera vez que los satélites comenzaban a aparecer en las imágenes captadas por el famoso telescopio Hubble. Las bandas brillantes provocadas por la reflexión de la luz solar en las superficies de los satélites no solo pueden distorsionar las imágenes, sino también ocultar por completo u originar falsas apariciones de objetos cósmicos reales. Esto pone en riesgo la fiabilidad de los datos científicos y dificulta el análisis de las imágenes.
Si todos los proyectos de constelaciones de satélites ya presentados ante organismos internacionales se llevan a cabo, para finales de la década de 2030 la Tierra podría estar rodeada por hasta medio millón de satélites. Científicos han simulado cómo esta situación afectará el funcionamiento de cuatro telescopios espaciales: los operativos Hubble y SPHEREx (Spectro-Photometer for the History of the Universe, Epoch of Reionization and Ices Explorer), así como los futuros Xuntian chino y la misión europea ARRAKIHS, cuyo lanzamiento está previsto para los próximos años.
El aumento del número de satélites
Durante la simulación se utilizaron datos orbitales de todas las constelaciones satelitales registradas. Los investigadores analizaron diversos escenarios, desde cientos hasta un millón de satélites en órbita. Se descubrió que, si se cumplen los planes actuales (alrededor de 560 mil satélites), una de cada tres imágenes del Hubble contendrá al menos una traza de satélite. Para SPHEREx, ARRAKIHS y Xuntian la situación es aún peor: más del 96% de las exposiciones quedarán arruinadas por rastros de satélites. Si la cantidad de satélites alcanza el millón, el nivel de contaminación de las imágenes prácticamente se duplicaría.
Los métodos actuales de procesamiento de imágenes no pueden recuperar completamente la información científica perdida. Incluso si se logra enmascarar una franja brillante, es imposible restaurar la señal original oculta debajo de ella. Esto significa que parte de los datos se perderá de manera irreversible y algunos descubrimientos podrían no llegar a realizarse.
Problemas y soluciones
Los autores del estudio señalan que el ritmo de lanzamiento de nuevos satélites supera los intentos por evaluar su impacto en el medio ambiente y en la ciencia. Una de las medidas propuestas es colocar grandes constelaciones de satélites por debajo de las órbitas de los telescopios espaciales. Así, las naves pasarían más tiempo en la sombra de la Tierra y brillarían con menor intensidad. Sin embargo, este enfoque podría aumentar el número de satélites que se desintegran en la atmósfera y no resuelve el problema de fondo.
El autor principal del estudio se define como un «pesimista optimista» y expresa la esperanza de que, antes de que se materialice el peor escenario, aún sea posible tomar medidas efectivas. Destaca que para preservar las oportunidades de la investigación científica es imprescindible abrir un debate urgente entre la comunidad científica, la industria y los reguladores. Solo los esfuerzos conjuntos permitirán mantener el espacio orbital apto para la observación y el desarrollo tecnológico.
El futuro de la astronomía
La cuestión de cómo equilibrar los intereses de las empresas comerciales y la comunidad científica sigue sin respuesta. Por un lado, las redes de satélites permiten llevar internet a los rincones más remotos del planeta; por otro, podrían cerrar para siempre la ventana de la humanidad al Universo. Los astrónomos hacen un llamado a establecer normas y límites internacionales que permitan minimizar el impacto negativo para la investigación fundamental.
Sin embargo, el lanzamiento de nuevos satélites continúa y la cantidad de rastros en las imágenes de los telescopios espaciales sigue aumentando. En los próximos años, la situación podría volverse crítica si no se adoptan medidas para regular el espacio orbital. Lo que está en juego es la capacidad de la humanidad para explorar el cosmos y realizar nuevos descubrimientos.
Cabe destacar que SpaceX, la empresa propietaria de la mayor constelación de satélites Starlink, fue fundada por Elon Musk en 2002. En los últimos años se ha convertido en líder en lanzamientos espaciales comerciales y desarrolla activamente proyectos para ofrecer acceso global a internet. Starlink es una red de satélites de órbita baja diseñada para transmitir datos en todo el mundo. La compañía planea seguir ampliando la constelación, lo que genera preocupación entre astrónomos y ecologistas.












