
El estudio de meteoritos metálicos ha permitido a los científicos replantear los procesos que tuvieron lugar en los primeros millones de años de existencia del Sistema Solar. Gracias al análisis de cientos de muestras recolectadas en las últimas dos décadas, los especialistas lograron rastrear cómo se formaron los planetesimales y sus núcleos metálicos, así como entender el papel que desempeñó Júpiter en este proceso. Estos hallazgos no solo precisaron la cronología de los acontecimientos, sino que también ayudaron a comprender por qué nuestro sistema planetario adquirió su configuración actual.
En el centro del estudio se encuentran las inclusiones de calcio y aluminio (CAIs), las formaciones sólidas más antiguas, que surgieron hace unos 4.567 millones de años. Estas conservan huellas químicas e isotópicas únicas que reflejan las condiciones en las que nació el Sistema Solar. Apenas unos cientos de miles de años después de su aparición, comenzó la formación de los cóndrulos — los «ladrillos» de las futuras planetas que constituyen la mayor parte de la masa de los meteoritos primitivos.
Un equipo de investigadores dirigido por Maria Schönbächler, de la Universidad de Zúrich, realizó un extenso metaanálisis al combinar los resultados de más de cien estudios científicos. Este enfoque permitió construir una imagen detallada de las primeras etapas de la evolución del disco protoplanetario y precisar cuándo comenzó exactamente la formación de los planetesimales — los precursores de los planetas actuales.
Procesos tempranos: acreción, fusión y el papel del aluminio-26
Según los datos obtenidos, los procesos de acreción —la aglutinación de polvo y la formación de cuerpos mayores— comenzaron menos de un millón de años después de la aparición de las primeras inclusiones sólidas. La principal fuente de calor interno para los jóvenes planetesimales fue el isótopo radiactivo de aluminio-26 de vida corta. Su distribución uniforme en todo el disco protoplanetario permitió un calentamiento y fusión simultáneos de los cuerpos en distintas regiones, desde la futura Tierra hasta los límites exteriores del cinturón de asteroides.
Durante los primeros tres millones de años tras el nacimiento del Sistema Solar, tuvo lugar una activa diferenciación de materiales: el hierro y los silicatos se separaban, formando núcleos metálicos y mantos. Este proceso se completó antes de que la fuente radiactiva de calor del aluminio-26 se agotara, lo que se confirma mediante el análisis isotópico de meteoritos ferrosos —los restos de antiguos planetesimales destruidos.
Dos mundos: la separación de las regiones internas y externas
Los científicos descubrieron que en el Sistema Solar primitivo existían dos reservorios isotópicos de materia. La zona interna (NC) contenía materiales más secos y calientes, a partir de los cuales luego se formaron la Tierra y Marte. La región externa (CC) era rica en elementos volátiles, agua y compuestos orgánicos —los precursores de cometas y gigantes gaseosos.
Estas dos regiones permanecieron aisladas entre sí durante varios millones de años. El principal factor que aseguró este aislamiento fue Júpiter. Su influencia gravitatoria creó una especie de barrera que impedía la mezcla de material entre las partes interna y externa del disco protoplanetario. De este modo, el gigante gaseoso estableció los límites dentro de los cuales se formaron los diferentes tipos de planetas.
Júpiter: el arquitecto de los destinos planetarios
El análisis de meteoritos de hierro y la modelización de los procesos en el disco protoplanetario demostraron que Júpiter fue el principal ‘arquitecto’ de la estructura del Sistema Solar. Su aparición y rápido incremento de masa no solo separaron los mundos rocosos internos del cinturón exterior de cuerpos helados, sino que también influyeron en la composición y evolución de los futuros planetas.
La coincidencia en las conclusiones de distintos grupos científicos confirma que, sin Júpiter, la formación del sistema planetario podría haber seguido un camino completamente diferente. El gigante gaseoso no solo limitó la llegada de material desde las regiones externas, sino que también favoreció una formación acelerada de los núcleos de los planetesimales, lo que influyó en su destino posterior.
El futuro de la investigación: nuevas muestras y precisiones sobre el origen de la Tierra
Los científicos señalan que continuar estudiando la composición isotópica de meteoritos raros, así como de muestras traídas de asteroides por misiones espaciales, permitirá determinar aún con mayor precisión dónde exactamente en el disco protoplanetario se originaron la Tierra y sus vecinos. Estos datos ayudarán no solo a reconstruir detalles de la historia temprana de nuestro sistema planetario, sino también a comprender cuán único fue su proceso de formación en comparación con otros sistemas estelares.
En los próximos años se espera la llegada de nuevas muestras, que podrían arrojar luz sobre etapas desconocidas hasta ahora de la evolución del Sistema Solar. Cada meteorito hallado se convierte en una especie de “mensaje” desde las profundidades del espacio, permitiendo a los científicos desvelar, paso a paso, los misterios del origen de los planetas y sus satélites.
Si no lo sabía, Maria Schönbächler es profesora de la Universidad de Zúrich, especializada en cosmoquímica y el estudio de meteoritos. Su equipo es conocido por liderar importantes proyectos internacionales dedicados al análisis de la composición isotópica de materiales extraterrestres. Gracias a sus investigaciones, la ciencia obtiene datos cada vez más precisos sobre las etapas iniciales en la formación de sistemas planetarios y el papel de los planetas gigantes, como Júpiter, en la evolución del universo.












