
En pleno corazón de Carabanchel, Gruta 77 lleva ya un cuarto de siglo siendo mucho más que una simple sala de conciertos. Aquí no se persiguen modas ni tendencias: se crea historia propia. En 25 años, el club se ha convertido en un auténtico refugio para amantes del rock and roll, surf, ska, punk y otros géneros que rara vez ocupan el centro de la escena popular.
Al frente de Gruta 77 está Indio, un hombre que lo sabe todo sobre la escena musical madrileña. Su camino comenzó en los años 90, compaginando la hostelería con actuaciones en grupos como El Enjambre y Tarzán. Esta experiencia le permitió identificar lo que le faltaba a Madrid: espacios donde los músicos pudieran no solo tocar, sino también ensayar, conectar y crecer.
El camino al éxito
La apertura de Gruta 77 fue posible gracias al inesperado interés de inversores inmobiliarios dispuestos a apostar por un proyecto juvenil. Indio lo tuvo claro desde el principio: sin un escenario propio y locales de ensayo, no se puede crear un ecosistema musical vivo. Así nació la idea de unir una sala de conciertos con una red de espacios de ensayo legales, que se ha convertido en la seña de identidad de Gruta 77.
A finales de los 90, Madrid a menudo quedaba fuera de las giras internacionales por falta de promotores dispuestos a arriesgar por géneros underground. Gruta 77 pronto ocupó ese hueco, colaborando con otros afines e invitando a su escenario tanto a bandas locales como internacionales. Ya en el primer año tras su apertura, los conciertos se celebraban aquí casi a diario.
Mapa musical
La programación del club es como una enciclopedia viva del rock: desde las raíces de los años 50 —rockabilly, swing— pasando por las bandas de garaje de los 60, surf, soul y rhythm and blues. Los años 70 están representados por el punk, el hardcore y el country. A pesar de su modesto aforo para 300 personas, Gruta 77 ha recibido a auténticas leyendas: desde Sleepy LaBeef y Dick Dale hasta Glen Matlock de Sex Pistols y miembros de Ramones. También han pasado por aquí bandas de culto del ska como Laurel Aitken, The Selecter y Bad Manners.
En el club también han sonado los nombres más destacados de la escena española. Los Coronas hicieron de Gruta 77 su segunda casa, y por este escenario pasaron en sus inicios bandas como Pereza, Sidecars, Le Punk, Sobrinus y muchas más. Un lugar especial lo ocupan aquellos grupos que, sin buscar la fama, permanecen fieles a su música y a la escena durante décadas, como Macarrones o Rojo Omega.
Vínculos con el barrio
Gruta 77 mantiene una estrecha relación con la vida de Carabanchel. En las tres plantas superiores del edificio se encuentran salas de ensayo donde, cada semana, practican cerca de 3.000 músicos. Esta red se ha convertido en una auténtica cantera para la escena madrileña. El club participa activamente en la vida del barrio, apoya iniciativas culturales y lucha por preservar los espacios independientes frente a la presión inmobiliaria.
La asociación Carabanchel Distrito Cultural, de la que Gruta 77 es uno de los fundadores, reúne a artistas, vecinos y activistas. Su objetivo es demostrar que Carabanchel puede ser no solo un barrio dormitorio, sino también un polo de atracción para la creatividad.
Tradición y desafíos
Hoy en día, el club debe adaptarse a nuevas realidades. Antes había conciertos a diario, pero ahora se celebran tres o cuatro a la semana, lo que ya es un logro. Indio comenta que los hábitos del público han cambiado: cada vez más personas prefieren los festivales a las actuaciones íntimas en clubes. Sin embargo, es en Gruta 77 donde se mantiene la atmósfera de un auténtico concierto en vivo, donde los asistentes disfrutan de la música, interactúan con los músicos, compran discos y se quedan después del espectáculo para las sesiones de DJ.
Diciembre es un mes especial para Gruta 77. Desde hace 25 años aquí se celebra una fiesta en honor a Ramones, que reúne a seguidores de toda Europa. Y en la nochevieja, el club organiza conciertos-aperitivo durante el día para quienes quieren celebrar la ocasión con música y buen ambiente. Tras cada actuación, Indio pincha personalmente vinilos y discos, convirtiendo la velada en un auténtico viaje musical.
Historia viva
En un cuarto de siglo, Gruta 77 no ha traicionado sus principios. Aquí no se persiguen las modas ni se buscan gustos masivos, sino que se continúa apoyando las escenas locales y géneros musicales poco habituales. El club se ha convertido en símbolo de independencia y fidelidad a la música, y su historia es un ejemplo de cómo un solo espacio puede transformar toda una ciudad.












