
La celebración del Día de la Nación Española, el 12 de octubre, se convirtió en motivo para el reencuentro de la familia real al completo. Esta fecha, una de las más significativas para el país, reunió a los monarcas y sus hijas, que llegaron a Madrid desde distintos lugares. La princesa Leonor, que se encuentra en la fase final de su formación militar en la Academia del Aire de San Javier (Murcia), e Infanta Sofía, quien acaba de comenzar sus estudios en la sede madrileña de UWC Atlantic College, se unieron a sus padres para participar en los actos oficiales. Para la hija menor del rey fue su debut en la tradicional ceremonia de salutación, conocida como «besamanos», en la que, tras el desfile militar, los reyes reciben a cientos de representantes de la sociedad civil.
La recepción solemne en el Palacio Real es una auténtica prueba de resistencia. Ante los monarcas y sus herederas pasa una interminable fila de mil quinientos invitados, a cada uno de los cuales hay que dedicar aunque sea un instante de atención. A pesar del gran número de asistentes, el equipo de protocolo procura proporcionar al rey y la reina una breve información sobre cada invitado segundos antes del saludo, para que el trato resulte personalizado. Este año, la infanta Sofía también se sumergió por primera vez en este complicado ritual. Este tipo de eventos inevitablemente genera numerosas historias pequeñas pero reveladoras, basadas en miradas, gestos y detalles que no pasan desapercibidos para el público ni para la prensa.
Fue precisamente en medio de esa agitación donde tuvo lugar el episodio que se convirtió en el tema principal de discusión. Mientras el flujo de invitados avanzaba casi sin detenerse, la reina Letizia, de repente, se detuvo durante unos segundos junto a uno de los asistentes. Para sorpresa de muchos, comenzó a comunicarse con él en lengua de signos, haciéndolo con una notable facilidad y soltura. La princesa Leonor, que estaba cerca, observaba a su madre con evidente interés. Este momento, captado por las cámaras, se difundió rápidamente por las redes, generando una oleada de reacciones positivas. La gente elogió el enfoque inclusivo y la preparación de la reina.
Las redes sociales se llenaron de comentarios en los que los usuarios expresaban su admiración. Muchos señalaron que el dominio de la lengua de signos convierte a la reina Letizia en una de las figuras monárquicas más educadas y modernas de Europa. Los comentaristas calificaron la escena como “un vídeo maravilloso” y aplaudieron su gesto, subrayando la importancia de este tipo de detalles para las personas con discapacidad. Este hecho reafirmó su reputación como una persona profundamente comprometida con los problemas sociales.
Cabe destacar que no es la primera vez que la esposa del rey Felipe VI demuestra esta habilidad. Ya en 2014 utilizó el lenguaje de signos para comunicarse con el presidente de la Confederación Estatal de Personas Sordas. Recientemente, durante una recepción de verano en su residencia de Mallorca, el Palacio de Marivent, no solo la reina, sino también sus dos hijas, Leonor y Sofía, se presentaron a algunos invitados utilizando el lenguaje de signos para decir sus nombres. Aprendieron esto de la presidenta de la Asociación de Personas Sordas de Mallorca, lo que demuestra un enfoque sistemático en el aprendizaje de este método de comunicación dentro de la familia real.












