
En la costa de Gran Canaria, donde la bruma salina se mezcla con el rugido de las olas, se esconde una de las atracciones más singulares de España. Aquí, en la playa de Melenara, surge del agua una figura de bronce que aparece y desaparece entre las olas. No es solo una escultura: es Neptuno, el señor de los mares, que se ha convertido en símbolo y enigma para todos los que alguna vez han pisado esta orilla.
En los días despejados puede verse desde la arena: rostro severo, hombros poderosos, tridente alzado hacia el cielo. Pero basta que el océano se altere para que la estatua parezca disolverse entre la espuma y dé la impresión de que el mismo dios del mar libra un combate desigual contra el Atlántico. Los turistas se quedan maravillados al ver cómo las olas cubren el monumento, mientras los vecinos debaten si embellece la playa o rompe su armonía natural.
Mito y metal
El autor de esta obra insólita es el escultor canario Luis Arencibia Betancor. En 2001, instaló su creación sobre un saliente de roca volcánica, eligiendo un lugar donde los elementos chocan con especial fiereza. La estatua, incluyendo el tridente, alcanza los seis metros de altura y pronto se convirtió en objeto de debate: algunos admiraban su fuerza, otros dudaban de si resistiría el embate de los elementos.
Los escépticos no estaban tan equivocados. Con los años, Neptuno ha sufrido tanto por las tormentas oceánicas como por la acción humana. En 2010, la estatua perdió un brazo y el tridente, lo que provocó indignación entre sus admiradores. Sin embargo, siete años después, la escultura fue restaurada, reforzada con varillas de acero y recubierta con una grasa especial para protegerla de la corrosión. Ahora Neptuno se mantiene aún más firme, desafiando al mar y al paso del tiempo.
Vida a sus pies
La playa de Melenara no es solo un lugar para bañarse. Aquí la vida siempre está en movimiento: familias pasean por el paseo marítimo, los pescadores lanzan sus redes y los niños construyen castillos con la arena negra. Y el guardián de bronce lo observa todo desde lo alto de su pedestal, inmóvil y atento, como si protegiera la tranquilidad de la bahía.
Muchos vienen aquí especialmente para conseguir una foto única: capturar el momento en que una ola cubre casi por completo la estatua es un verdadero logro para cualquier viajero. Pero también hay quienes opinan que el monumento altera el aspecto natural de la costa. El debate lleva más de veinte años y, al parecer, ninguna de las partes está dispuesta a ceder.
Imán turístico
Hoy en día, Neptuno es parte inseparable del paisaje local y uno de los principales símbolos turísticos de Telde. Cerca de la playa funcionan restaurantes donde se sirve pescado fresco, y tras el paseo hasta la estatua se puede degustar cherne o corvina con vistas al Atlántico embravecido. Para muchos visitantes de la isla, acercarse a Neptuno es un must, y las fotos junto a la escultura adornan redes sociales de todo el mundo.
Curiosamente, incluso quienes son escépticos respecto a la intervención humana en la naturaleza reconocen: aquí el arte y los elementos se han fusionado en algo único. El monumento parece tener vida propia, cambiando con el clima y el ánimo del mar. Y cada vez que las olas lo cubren por completo, da la sensación de que la historia vuelve a comenzar.
Símbolo y desafío
Neptuno en Melenara no es solo un monumento. Es un reto al océano, un recordatorio de lo frágil y a la vez poderosa que es la conexión del ser humano con el mar. Su aparición y desaparición han dado pie a leyendas locales y son para muchos un motivo para volver a esta playa una y otra vez. Aquí nadie permanece indiferente: unos se maravillan, otros discrepan, pero a nadie deja frío.
Por cierto, Luis Arencibia Betancor es un reconocido escultor canario, cuyas obras embellecen no solo Gran Canaria, sino también otras islas del archipiélago. Su estilo se distingue por la atención al detalle y el deseo de unir la mitología con la realidad. El monumento a Neptuno se ha convertido en una de sus piezas más emblemáticas y en la auténtica carta de presentación de Melenara.












