
El rodaje de «30 monedas» convirtió varias ciudades españolas en auténticos escenarios para un thriller místico, en el que cada piedra y cada calle se integraron en una historia llena de tensión. Apostar por localizaciones reales no solo reforzó la atmósfera, sino que también atrajo la atención hacia rincones poco conocidos del país. Tras el estreno de la serie, el flujo de turistas hacia Pedraza y otros lugares aumentó notablemente, y los vecinos aún comentan cómo su vida cambió tras la visita del equipo de producción.
Pedraza: el corazón de lo místico
La escena principal de la primera parte se desarrolló en Pedraza, una localidad medieval en la que el tiempo parece haberse detenido. Sus calles angostas, los sólidos muros y el silencio crean una sensación de aislamiento que encaja perfectamente con los giros argumentales de misterios religiosos y fenómenos sobrenaturales. El equipo de rodaje fue más allá de los exteriores: mostraron patios interiores, iglesias antiguas e incluso rincones ocultos adonde rara vez llegan los visitantes. Los habitantes recuerdan cómo la ciudad se transformó durante varios meses en un plató de cine, y la rutina diaria dejó paso a decorados enigmáticos y rodajes nocturnos.
Pedraza no se limitó a ser el decorado, sino que se convirtió en un personaje más, influyendo en la atmósfera y el desarrollo de la trama. La plaza, las puertas, el castillo y la iglesia adquirieron una nueva vida, y ahora sus imágenes están ligadas a las intensas escenas del thriller. Para muchos espectadores, precisamente la atmósfera de la ciudad es una de las grandes virtudes de «30 monedas».
Otras localizaciones
Sin embargo, Pedraza es solo la punta del iceberg. Para crear escenas a gran escala e interiores complejos, el equipo se desplazó por castillos y palacios de toda España. El impresionante Castillo de Guadamur, en Toledo, abrió sus salones para el rodaje cuando Pedraza no era viable por cuestiones técnicas. Por su parte, el Castillo de Calatrava la Nueva, en Ciudad Real, no solo se transformó en una iglesia, sino que también ‘interpretó’ la ciudad siria de Alepo, aportando una dimensión internacional a la serie.
Igualmente impactante resultó la presa de Aldeadávila, en la frontera con Portugal. Las imponentes estructuras de cemento y los paisajes agrestes sirvieron de telón de fondo para las escenas más intensas. A esta estampa se sumaron antiguas bibliotecas de Madrid y Salamanca, así como el lujoso Palacio del Marqués de Santa Cruz. Cada localización fue elegida cuidadosamente: la arquitectura y el ambiente reforzaban la sensación de peligro y misterio.
La segunda ola: nuevos horizontes
En la segunda temporada, los creadores decidieron ampliar la geografía. Esta vez, el foco estuvo en Tenerife, concretamente en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Sus plazas históricas y su majestuosa catedral sirvieron de escenario para nuevos sucesos misteriosos. El rodaje se extendió también fuera de España: Roma, Jerusalén, París y Nueva York aportaron una dimensión global, pero fueron las localizaciones españolas las que permanecieron en la memoria del público como las más evocadoras.
La ampliación de la geografía requirió enormes gastos y una logística compleja. El equipo de rodaje se enfrentó a dificultades burocráticas, sorpresas meteorológicas y la necesidad de adaptarse rápidamente a nuevas condiciones. Sin embargo, el resultado superó las expectativas: el apartado visual de la segunda temporada resultó aún más impresionante y las escenas —más intensas y dinámicas.
Por qué se canceló el proyecto
A pesar del éxito y de las críticas entusiastas, no hubo continuación. La razón resultó ser bastante simple: el presupuesto. Los decorados complejos, los viajes internacionales, el reparto estelar y las innovaciones técnicas hicieron que el proyecto fuera demasiado costoso para la plataforma, especialmente en un contexto de recortes de gastos. La segunda temporada no logró compensar la inversión en cuanto al interés del público, y la dirección decidió no producir una tercera parte.
Para los seguidores, esto fue un verdadero golpe. Muchos aún debaten qué habría ocurrido si la serie hubiera tenido la oportunidad de concluir su historia. Sin embargo, incluso en este formato, «30 monedas» dejó una huella notable en la cultura española y demostró cómo las decisiones audaces pueden cambiar la percepción del género.
Pedraza hoy
Tras el estreno de la serie, Pedraza se convirtió en un imán para turistas y aficionados al misterio. La ciudad aprovecha activamente su nueva fama: se organizan visitas por los escenarios del rodaje, y los bares y hoteles locales ofrecen platos y recuerdos temáticos. La vida aquí transcurre con calma, pero ahora tiene un aire especial de misterio.
Muchos llegan no solo atraídos por la arquitectura, sino también para sumergirse en la atmósfera que reconocen de la serie. Al anochecer, las calles se llenan de susurros y la expectación de algo milagroso, mientras los habitantes comparten con entusiasmo historias sobre cómo su ciudad se convirtió en parte de una gran aventura cinematográfica.
Pedraza no es solo un decorado, sino un organismo vivo que sigue sorprendiendo e inspirando. Aquí es fácil perder la noción del tiempo y sentirse parte de un thriller místico, donde tras cada esquina puede esconderse un nuevo misterio.
Álex de la Iglesia es uno de los directores más destacados y polémicos de la España contemporánea. Sus obras siempre generan intensas emociones y debates, y su estilo es inconfundible desde la primera escena. En «30 monedas» fusionó su pasión por lo místico, el amor a los lugares inusuales y la habilidad para trabajar con actores de diferentes trayectorias. Gracias a su visión, la serie se transformó en un verdadero fenómeno cultural que continúa influyendo en la percepción del género tanto en España como fuera de sus fronteras.












