
En 2026, el mercado español de arte contemporáneo atrajo la atención pública no por performances llamativas ni obras provocadoras, sino debido a una estricta política fiscal. Galerías de todo el país se vieron obligadas a suspender su actividad durante seis días para visibilizar el problema: el IVA aplicado a la venta de obras de arte en España sigue siendo del 21%. Esta cifra es casi el doble que en la mayoría de los países europeos, donde desde hace tiempo existen tipos reducidos. Como consecuencia, los coleccionistas españoles optan cada vez más por comprar en el extranjero, mientras que las galerías locales pierden clientes y se ven forzadas a limitar su colaboración con museos y fundaciones privadas.
Mientras las autoridades hacen oídos sordos a las demandas del sector, galeristas y artistas se ven obligados a buscar nuevas estrategias para sobrevivir. Las protestas se desarrollan de forma pacífica: cierres temporales, acciones en museos, renuncia a participar en proyectos estatales. Sin embargo, para la mayoría de los españoles el problema pasa desapercibido: la sociedad no considera prioritario el apoyo al arte y la cultura suele percibirse como algo secundario. Entretanto, la diferencia fiscal conduce a situaciones absurdas: una misma obra puede ser más barata en Portugal o Francia simplemente por la disparidad en los tipos de IVA.
Escándalos del pasado y del presente
Hace varias décadas, la escena artística española acaparaba titulares por escándalos sonados en ferias y exposiciones. Hoy, incluso las obras más provocadoras apenas generan una reacción tibia en el público. Muchos recuerdan el revuelo causado en 2018 por la obra «Presos políticos en la España contemporánea» de Santiago Sierra, y cómo el cierre del Museo del Arte Prohibido en Barcelona simbolizó el declive del interés por las provocaciones artísticas. Actualmente, incluso los proyectos más audaces pasan casi desapercibidos y los debates en redes sociales se apagan rápidamente.
Una situación similar se observa en otros ámbitos de la cultura. Según los expertos, el público se ha acostumbrado al escándalo y ya no lo percibe como algo extraordinario. Incluso cuando se exponen obras polémicas —por ejemplo, mandalas hechos con ropa interior o esculturas con referencias religiosas—, la sociedad responde con creciente indiferencia. Como resultado, la única polémica real sigue siendo la política fiscal, que afecta directamente a la accesibilidad del arte para el gran público.
Gusto, tradiciones y nuevas tendencias
La cuestión de qué se considera buen o mal gusto en el arte sigue abierta. Muchos coleccionistas admiten que son precisamente las obras que rompen con lo habitual las que más despiertan su interés. En los últimos años, cada vez aparecen en el mercado español piezas que juegan deliberadamente con la temática del ‘mal gusto’: desde cuadros de terciopelo hasta instalaciones provocadoras. Este enfoque no solo amplía los límites de la percepción, sino que también atrae a un nuevo público cansado de las formas clásicas.
En este sentido, resulta ilustrativo el caso del coleccionista Gabriel Calparsoro, quien en 2026 fue premiado en ARCO Madrid por su singular colección. Calparsoro declara abiertamente que no se guía por las ideas tradicionales sobre el gusto, sino que elige obras que le generan conflicto interno. Esta actitud gana cada vez más adeptos entre jóvenes coleccionistas y galeristas, interesados en el diálogo y la experimentación.
El mercado español en el contexto europeo
Mientras España mantiene uno de los tipos de IVA sobre el arte más altos de Europa, galerías y artistas siguen perdiendo presencia en el mercado internacional. Según russpain, muchos compradores prefieren cerrar tratos a través de plataformas extranjeras para ahorrar importantes sumas. Esto provoca una salida de capitales y reduce el interés por los artistas españoles entre los coleccionistas internacionales.
Al mismo tiempo, en los países vecinos las autoridades apoyan activamente el sector cultural, reduciendo impuestos y creando condiciones favorables para el desarrollo del mercado. En cambio, en España, cualquier intento de cambiar la situación se enfrenta a la resistencia de los funcionarios, que temen la pérdida de ingresos presupuestarios. Como resultado, sufren no solo las galerías, sino todo el ecosistema del arte contemporáneo, incluidos museos, colecciones privadas y proyectos educativos. En este contexto, incluso el debate sobre historias personales de celebridades, como ocurrió en el caso de la reacción de Cristina Tárrega a la canción de Rafa Sánchez (los detalles sobre la reacción ambigua de la presentadora de televisión), genera mayor revuelo público que los problemas del mercado artístico.
ARCO Madrid es la mayor feria de arte contemporáneo en España, y cada año reúne a los principales galeristas, coleccionistas y artistas de todo el mundo. Fundada en 1982, no solo se ha convertido en una plataforma para la presentación de nuevas obras, sino también en un importante indicador del estado del mercado. En los últimos años, la feria se enfrenta a desafíos serios: la competencia por parte de otras capitales europeas, el endurecimiento de la política fiscal y una disminución del interés por parte del público general. A pesar de ello, ARCO sigue siendo un evento clave para la comunidad profesional y continúa marcando tendencias en el mundo del arte contemporáneo.












