
El encuentro en Gstaad no fue solo otro evento social, sino una plataforma para forjar nuevas conexiones entre mujeres que marcan las tendencias en moda, negocios y cultura. La presencia de Marta Ortega, directora de Inditex, captó la atención no solo de los observadores españoles, sino también internacionales. En una época donde la exposición pública se vuelve cada vez más inusual para muchos miembros de la élite, cada fotografía conjunta adquiere un valor especial y genera debate entre profesionales del sector.
La Semana de Arte Contemporáneo de Gstaad, según informa Mujerhoy, reunió no solo a coleccionistas y galeristas, sino también a quienes están dando forma al futuro de la industria. Fue en este escenario donde Marta Ortega presentó una retrospectiva de obras de Irving Penn, previamente expuesta en su fundación en La Coruña. El evento sirvió como espacio informal de encuentro con mujeres cuyos nombres resuenan en el mundo de la moda, el diseño y el emprendimiento.
Círculo de élite
El foco de atención no solo estuvo en las amigas habituales de Marta Ortega, como Eugenia Silva o Carlota Pérez-Plá, sino también en nuevos rostros que se sumaron a su entorno gracias a proyectos internacionales. Entre ellas se encuentra Sofía Sánchez de Betak, empresaria y consultora argentina que reside en Mallorca. Su esposo, el diseñador Alex de Betak, presentó durante la semana de arte una instalación que fusiona tradiciones japonesas y arquitectura suiza, convirtiéndose en símbolo del intercambio cultural entre continentes.
Un papel especial en este círculo lo ocupó Martina Mondadori, fundadora de la marca Cabana, quien en poco tiempo convirtió su proyecto en uno de los más reconocidos en el ámbito del diseño de interiores. Su colaboración con Zara Home no solo representó un éxito comercial, sino también el inicio de una sólida amistad con Ortega. Según numerosos expertos, son precisamente estas alianzas las que marcan nuevos estándares en la industria.
Geografía de la influencia
La composición de las participantes en el encuentro de Gstaad refleja el carácter global de las comunidades elitistas actuales. Alrededor de la misma mesa se reunieron representantes de Europa, Asia y Sudamérica. Natasha Poonawalla, presidenta de una fundación benéfica india y esposa del director de una gran farmacéutica, es conocida no solo por sus éxitos empresariales, sino también por su activa participación en eventos culturales internacionales. Sus vínculos con líderes mundiales de la moda y los negocios convierten este tipo de reuniones en escenarios clave para el intercambio de experiencias e ideas.
Igualmente destacada resulta Tatiana de Pahlen, nieta de Gianni Agnelli, quien transformó Fiat en el símbolo de la industria italiana. Su presencia evidencia que las mujeres contemporáneas provenientes de familias con una rica historia no se limitan a los roles tradicionales, sino que participan activamente en la creación de nuevas tendencias y estrategias de desarrollo.
Lujo discreto y nuevas alianzas
Gstaad lleva mucho tiempo siendo un lugar de encuentro para quienes prefieren el lujo discreto. Es aquí donde se forjan alianzas informales que luego influyen en los mercados mundiales. Para Marta Ortega, estas reuniones representan una oportunidad no solo para fortalecer lazos personales, sino también para ampliar los horizontes de sus proyectos, reuniendo a su alrededor personas con diferentes experiencias y perspectivas.
Una fotografía que se hizo viral en las redes sociales captó el momento en que mujeres de distintos países y ámbitos conversan sobre arte, negocios y el futuro de la industria. Esta imagen se ha convertido en símbolo de una nueva era en la que el liderazgo femenino ocupa un primer plano y las fronteras entre países y profesiones se difuminan para alcanzar objetivos comunes.
Marta Ortega es una de las figuras más influyentes de la moda y los negocios europeos actuales. Al asumir la presidencia de Inditex, no solo continuó la tradición familiar, sino que llevó a la empresa a un nuevo nivel apostando por la innovación y la colaboración internacional. Su habilidad para reunir a personas de distintas visiones y trayectorias permite crear proyectos únicos que generan impacto en todo el mundo. Gracias a encuentros como los de Gstaad, emerge una nueva generación de líderes capaces de cambiar las reglas del juego en la industria global.












