
Los colegas y habituales del programa «Y ahora Sonsoles» están más que acostumbrados a una peculiaridad de su presentadora. Sonsoles Ónega no tolera los aires acondicionados. Para ella, la temperatura ideal del estudio es la que más se parece a la del exterior. Como consecuencia, en los meses de verano el plató de Antena 3 suele convertirse en una especie de trópico, lo que obliga a los tertulianos a quitarse las chaquetas y buscar alivio del bochorno. No es de extrañar que, cuando la presentadora se va de vacaciones, algunos de sus compañeros lo celebren como una pequeña fiesta: por fin pueden encender el tan ansiado aparato y respirar aliviados.
Sin embargo, hace unos días sucedió lo impensable. La propia creadora de la norma la rompió. Durante una emisión reciente, justo después de un reportaje sobre Elsa Pataky, Ónega, tras cambiar de ubicación, se dirigió al público presente. Les preguntó por cómo se sentían y, sin esperar respuesta, constató sonriente que aquel día no había motivo para quejarse, ya que el aire acondicionado estaba funcionando en el plató. Esta frase causó cierta sorpresa y revuelo entre los asistentes, que conocían bien su postura al respecto.
El secreto de este cambio tan drástico de opinión resultó ser simple e incluso cómico. La presentadora confesó que tuvo un serio «problema». Al ponerse una llamativa camisa azul, se dio cuenta con horror de que corría el riesgo de repetir la suerte del conocido entrenador de fútbol Camacho, famoso por sudar abundantemente durante los partidos. La perspectiva de aparecer ante todo el país con manchas de sudor en la ropa la llevó a hacer un trato con su conciencia y encender el aire acondicionado para evitar una situación aún más embarazosa.
Esta sinceridad provocó una oleada de bromas por parte de sus compañeros. Rubén Quiles no tardó en tranquilizar a Onega, asegurándole que se veía estupenda y que no había motivos para preocuparse. Por su parte, la periodista Olga Visa, entre risas, le sugirió que optara más a menudo por atuendos de ese color, insinuando el disfrute general de la frescura en el estudio. La propia Solsoles se rió sinceramente ante las bromas, pero rápidamente recuperó la compostura y, manteniendo el profesionalismo, volvió al guion previsto del programa, demostrando su capacidad para reírse de sí misma.












