
Una vida sin sorpresas sería aburrida, pero algunos imprevistos pueden afectar seriamente nuestra estabilidad financiera. La mejor forma de prepararse ante cualquier giro del destino es crear un fondo de emergencia. Sin embargo, sigue presente la pregunta clave: ¿de cuánto dinero debemos disponer para sentirnos realmente seguros?
Existen dos enfoques principales para calcular el tamaño de la llamada ‘colchón financiero’. El primer método sugiere partir de los gastos mensuales. Hay que sumar todos los gastos obligatorios, incluyendo alquiler o hipoteca, facturas de servicios, alimentación, transporte y seguros. Esta cantidad se multiplica por tres, o mejor aún, por seis. Por ejemplo, si tus gastos mensuales son de 1.500 euros y tus ingresos netos de 2.000 euros, tu fondo de reserva debe estar entre 4.500 y 9.000 euros.
El segundo método, más conservador, recomienda calcular partiendo del ingreso neto mensual. Esta estrategia ofrece mayor protección en caso de dificultades financieras prolongadas, como la pérdida del empleo. Siguiendo el mismo ejemplo, una persona con ingresos de 2.000 euros debería ahorrar entre 6.000 y 12.000 euros. Esta será tu reserva intocable, que debe estar fácilmente disponible en una cuenta corriente.
Comprender el tamaño necesario del fondo de reserva ayuda a construir una estrategia financiera adecuada. Si aún no cuentas con este fondo, tu principal objetivo debe ser formarlo, para alcanzar tranquilidad y no depender de créditos. Si, por el contrario, tus ahorros superan el nivel recomendado, es momento de pensar en instrumentos más rentables. Mantener el exceso en una cuenta corriente no es lo más conveniente, ya que la inflación irá desvalorizando ese dinero poco a poco.
Una gestión inteligente del ahorro persigue dos objetivos. El primero es proteger el capital frente a la inflación, que reduce paulatinamente el poder adquisitivo del dinero. El segundo, hacer que el dinero trabaje y genere ingresos. Invertir el excedente según tu perfil de riesgo puede multiplicar notablemente tu capital. Por ejemplo, una inversión de 25.000 euros a 15 años con una rentabilidad anual del 3% y reinversión de intereses se convertiría en casi 39.000 euros. Con un 5% de rentabilidad, la suma final rondaría los 52.000 euros, y con estrategias más arriesgadas, pero más rentables, el resultado podría ser aún más impresionante.












