
En los últimos años, el mercado automovilístico español ha estado claramente dominado por vehículos con turbo o compresor mecánico. La mayoría de los modelos nuevos están equipados con este tipo de motorización, lo que marca una diferencia notable respecto a la situación de hace algunas décadas.
Anteriormente, una parte significativa de los turismos en España contaba con motores atmosféricos. Estos propulsores funcionan gracias a la entrada natural de aire, que llega a los cilindros únicamente por la presión externa. A diferencia de los motores turbo, aquí no se emplean equipos adicionales para forzar la admisión de aire, lo que simplifica el diseño y abarata el mantenimiento.
Los motores atmosféricos se caracterizan por la admisión directa de aire: cuando el pistón baja, se crea un vacío y el aire entra en la cámara de combustión. Este sistema garantiza fiabilidad y durabilidad, además de reducir los costes de reparación y mantenimiento. Sin embargo, este tipo de motor también presenta ciertas limitaciones.
Entre las desventajas de los motores atmosféricos destaca su menor rendimiento en comparación con los equivalentes turbo, a igual potencia. Para alcanzar características similares, es necesario aumentar la cilindrada y la potencia, lo que provoca un mayor consumo de combustible y emisiones de gases contaminantes. En el contexto actual de endurecimiento de las normas medioambientales, esto representa un obstáculo importante para su uso masivo.
Como resultado, los fabricantes de automóviles apuestan cada vez más por la turboalimentación, que permite mejorar la eficiencia y reducir el nivel de emisiones. Esto explica por qué hoy en día es muy raro encontrar coches nuevos con motores atmosféricos en el mercado de España.
Sin embargo, entre los motores diésel todavía se pueden encontrar ejemplares que destacan por su alta fiabilidad. Algunos expertos señalan modelos concretos que se han ganado la reputación de ser prácticamente indestructibles. Entre ellos están los motores Peugeot W10 TD 2.0 90 CV, BMW M4720, FIAT 1.9 JTD, así como el BMW M57 D30, conocido bajo diferentes denominaciones.
De este modo, la estructura del mercado de turismos en España sigue cambiando bajo la influencia de factores tecnológicos y medioambientales. Los motores turbo se están convirtiendo en la norma, mientras que los atmosféricos van quedando en el pasado y ceden su lugar a soluciones más modernas.












