
Lejos de las concurridas rutas turísticas, entre los paisajes montañosos del norte de Extremadura, se esconde la localidad de Hervás. Este lugar es conocido por su singular barrio medieval, que ha conservado viva la herencia sefardí. Su entorno urbano ha permanecido prácticamente inalterado durante siglos, lo que lo convierte en un auténtico tesoro. Las calles empedradas, las casas con entramado de madera característico y una atmósfera especial que impregna cada rincón atraen a quienes valoran la historia, las tradiciones y la arquitectura auténtica.
Este enclave, reconocido por su gran valor cultural, conserva elementos que cada año atraen a miles de viajeros interesados en la historia judía de la Península Ibérica. En la localidad cacereña de Hervás, el visitante descubre uno de los barrios judíos más pintorescos de toda España —un espacio excepcional que destaca por su estado de conservación y una marcada identidad sefardí. Este barrio, declarado conjunto histórico-artístico en 1969, se extiende desde la plaza central hasta la orilla del río Ambroz. Precisamente aquí, junto a la Fuente Chiquita, las casas que se asoman sobre el agua conforman una de las estampas más emblemáticas de la ciudad.
La rica herencia de este lugar se debe a la presencia de la comunidad judía en los siglos XIV y XV. Sus miembros dejaron tras de sí un laberinto de callejuelas estrechas y empinadas, bordeadas de balcones de madera de castaño, que aún conservan el espíritu medieval. La antigua comunidad judía de Hervás contaba con unas cincuenta familias, muchas de las cuales se dedicaban a la artesanía, el comercio de tejidos e incluso la medicina, profesiones típicas entre los judíos de la época. Los nombres de las calles, como Rabilero, Sinagoga o Cofradía, son un recordatorio directo de aquel periodo y ayudan a entender la importancia de la aljama (el barrio judío) en el desarrollo de la ciudad. Según la tradición oral, la sinagoga se situaba en la casa número 19 de la calle Rabilero. Aunque el edificio original no se ha conservado, este lugar sigue siendo simbólico para quienes exploran este conjunto urbano de gran relevancia histórica.
Tras la promulgación del Edicto de Granada en 1492, muchos judíos de Hervás decidieron quedarse, convirtiéndose al cristianismo y pasando a ser conocidos como conversos. Para preservar parte de sus costumbres, fundaron la Cofradía de los Santos Gervasio y Protasio. Con el tiempo, a pesar de los periodos de persecución y la implantación en el siglo XVI de los estatutos de «limpieza de sangre», la comunidad se fue integrando gradualmente en la sociedad. Este pasado ha dejado un legado que hoy se aprecia en el barrio medieval, cuidadosamente restaurado. Gracias a estos esfuerzos de recuperación, Hervás se ha convertido en un lugar emblemático dentro de la Red de Juderías de España. Su pasado cobra especial vida durante el festival de «Los Conversos», cuando la ciudad revive su herencia sefardí a través del arte, la historia y la tradición.












