
En la capital de Grecia se celebró el último adiós a Irina de Grecia, fallecida a los 83 años. Atenas reunió a representantes de dos dinastías reales — la española y la griega— para despedir a una mujer a la que muchos llamaban cariñosamente «tía Pekú». La jornada estuvo marcada no solo por la tristeza, sino también por inesperados momentos de cercanía, poco habituales incluso en las familias más destacadas de Europa.
La mañana comenzó con la instalación del féretro de la princesa en la capilla de San Eleuterio. Desde las ocho hasta las diez y media, todos los que lo deseaban pudieron despedirse de Irina. Al mediodía, en la catedral principal de Atenas, dio inicio la ceremonia que, pese a la ausencia de luto oficial, congregó a numerosas personalidades. En el centro de la atención estuvieron no solo los miembros de la familia real griega, sino también los monarcas españoles y representantes de otras casas reales europeas.
Abrazos familiares
Destacó la presencia de la reina Sofía, quien asistió acompañada de sus hijas —las infantas Elena y Cristina— y de sus nietos Miguel e Irene Urdangarin. Sofía, vestida de luto, no ocultó sus emociones: al entrar en la catedral abrazó con fuerza a su sobrino Pavlos, hijo del difunto rey Constantino. Este gesto representó no solo una pérdida personal, sino también una inusual unión entre las dos ramas de las casas reales.
Entre los asistentes también se encontraban otros miembros de la familia: Pablo Urdangarin, Victoria Federica de Marichalar, así como representantes de la rama griega: la reina Ana María junto a sus hijas Alexia y Teodora, sus esposos e hijos. Tampoco faltaron invitados internacionales: los príncipes Alejandro y Catalina de Serbia asistieron a la ceremonia, otorgando al evento un carácter internacional.
La Corona Española
Más tarde, se sumaron al cortejo fúnebre el rey Felipe VI y la reina Letizia, quienes llegaron acompañados de sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Las jóvenes hicieron una pausa en sus estudios para despedirse personalmente de su tía Irene, con quien tenían una relación cercana. Su presencia provocó una ola de aplausos y muestras de apoyo entre los presentes, subrayando la importancia del momento para ambas familias reales.
Ese día, la catedral fue no solo un lugar de luto, sino también de reencuentro familiar. Muchos de los presentes no se veían desde hacía años y algunos encuentros estuvieron marcados por lágrimas y largos abrazos. La atención del público se centró en cada gesto, en cada palabra, pues este tipo de acontecimientos rara vez tienen tanta visibilidad pública.
Memoria y Tradición
El funeral de Irina de Grecia se llevó a cabo conforme a su última voluntad. Tras una ceremonia privada en Madrid y un oficio en la catedral ortodoxa griega, su cuerpo fue trasladado a Atenas para el último adiós. Aunque no se declaró luto oficial, el acto se distinguió por su solemnidad y el respeto hacia la memoria de la princesa.
Entre los asistentes se encontraban no solo miembros de casas reales, sino también ciudadanos comunes que acudieron a expresar sus condolencias. Para muchos, ese día fue un recordatorio de que incluso en las familias más influyentes de Europa están presentes los sentimientos humanos: el dolor de la pérdida, la alegría del reencuentro y la esperanza de reconciliación.
RUSSPAIN recuerda que Irina de Grecia era la hermana menor de la reina Sofía y la hija del rey Pablo I. Fue reconocida por su labor filantrópica y su vida discreta, a pesar de su origen real. En los últimos años residió en España, donde gozaba de respeto tanto entre la aristocracia como entre el público en general. Su fallecimiento ha sido un acontecimiento relevante para ambas familias reales y ha causado conmoción en toda Europa.












