
Altura, soledad y naturaleza agreste: así es la realidad del pueblo más alto de La Rioja. El Horcajo, perdido entre las montañas de la Sierra Cebollera, se ha convertido desde hace tiempo en símbolo de la vida que desaparece en las sierras españolas. Aquí, a casi 1300 metros de altitud, solo quedan cuatro habitantes que no tienen prisa por abandonar su tierra natal, pese a las dificultades y a la falta de comodidades habituales.
La carretera hasta El Horcajo apareció recién en 1992. Antes solo se podía llegar a pie o a caballo, lo que hacía el pueblo prácticamente inaccesible para los forasteros. Hoy el trayecto por el serpenteante camino entre pinos y robles no toma más de media hora, pero la sensación de aislamiento persiste. Alrededor solo hay bosques, pastizales y nieblas que a menudo envuelven las casas, como si las ocultaran del resto del mundo.
Silencio de montaña
La vida en El Horcajo no se parece a la bucólica imagen rural habitual. No hay tiendas, ni escuelas, ni siquiera oficina de correos. Para conseguir alimentos y medicinas hay que desplazarse a los pueblos vecinos, y en invierno la nieve puede dejar incomunicado al pueblo varios días. Pero es justamente ese alejamiento del bullicio lo que atrae a quienes se han quedado. En la aldea reina el silencio, solo roto por el tintinear de los cencerros en los cuellos de las vacas y las raras voces de los vecinos.
Antiguas casas de piedra y madera, la iglesia de San Juan Bautista y unas cuantas construcciones agrícolas: eso es todo El Horcajo. En otro tiempo, aquí reinaba la vida: trabajaban los pastores, se reunían para las fiestas, los niños corrían por las calles. Ahora, cada día se parece al anterior y los cambios llegan solo con el clima. En verano, a veces pasan turistas que quieren conocer la auténtica España montañesa, pero en invierno el pueblo vuelve a sumirse en su habitual soledad.
Lumbreras de Cameros
El Horcajo pertenece al municipio de Lumbreras de Cameros, uno de los rincones menos poblados de La Rioja. Aquí la vida transcurre lentamente y la gente está acostumbrada a contar solo consigo misma. En Lumbreras viven poco más de cien personas y la mayoría se dedica a la agricultura o la ganadería. En los últimos años comenzaron a llegar quienes buscan tranquilidad entre montañas y están cansados del bullicio de la ciudad.
En Lumbreras se mantienen tradiciones que en otros sitios ya se han olvidado. Aquí todavía se celebran fiestas ancestrales, se recolectan setas y frutos silvestres, y por las noches se comentan las noticias junto al fuego. A pesar de las condiciones modestas, los habitantes no se quejan de su destino. Para ellos, lo principal es la libertad, el aire puro y la posibilidad de vivir en armonía con la naturaleza.
Las alturas de La Rioja
El Orcajo no es el único pueblo de alta montaña de la región. En La Rioja existen otras localidades donde la vida transcurre a más de 1.200 metros de altitud. San Andrés, Santa Marina, Lumbreras y Viniegra de Arriba, cada uno de estos lugares conserva su historia y un ambiente especial. Aquí no hay multitudes de turistas, pero sí se respira la auténtica España, esa que rara vez aparece en las postales.
El punto más alto de La Rioja es el monte San Lorenzo, que se eleva hasta los 2.271 metros. Sus laderas atraen a aficionados al senderismo y a los deportes de invierno. En las laderas del sur funciona la estación de esquí Valdezcaray, que en invierno recibe visitantes de toda España. Pero incluso aquí, en la cima de la región, aún es posible cruzarse con pastores que desde hace siglos guían sus rebaños por los senderos de montaña.
El destino de los pueblos de montaña
En las últimas décadas, muchos pueblos de montaña en La Rioja han estado al borde de la desaparición. Los jóvenes emigran a las ciudades y los mayores permanecen solos entre casas vacías. Las autoridades intentan mantener viva la actividad en estos lugares, mejorando carreteras, instalando internet y organizando eventos culturales. Sin embargo, todavía no han logrado recuperar la población de antaño.
No obstante, los pueblos de montaña tienen sus propias ventajas. Aquí no hay atascos, ruido ni contaminación. La gente vive al ritmo de la naturaleza, valora las alegrías sencillas y no sigue las modas. Para muchos, estos lugares se convierten en un auténtico refugio frente al mundo moderno, donde es posible encontrar paz e inspiración.
El Horcajo es un lugar único en el mapa de La Rioja. Este pequeño pueblo, a pesar de todas las dificultades, sigue adelante. Sus habitantes no se rinden y creen que incluso en los rincones más remotos de España hay espacio para una vida auténtica. Su perseverancia y amor por su tierra natal inspiran respeto y nos hacen reflexionar sobre el valor de las cosas sencillas.
El Horcajo no es solo un punto en el mapa, sino un símbolo de resistencia y fidelidad a las tradiciones. El pueblo se sitúa en pleno corazón de la Sierra Cebollera, donde los inviernos duros dan paso a veranos cortos y cada casa guarda recuerdos de generaciones pasadas. Aquí todavía se pueden encontrar antiguas costumbres, escuchar leyendas locales y sentir el pulso de la verdadera España. Para quienes buscan aislamiento y armonía con la naturaleza, El Horcajo es todo un descubrimiento.












