
Entre los verdes paisajes de Galicia se alza una construcción capaz de transportar al viajero, desde el primer vistazo, a un mundo de fantasía. Sus majestuosas siluetas, recortándose contra el cielo, evocan imágenes de leyendas y sagas épicas. No se trata solo de una iglesia, sino de un enigma arquitectónico que atrae tanto a expertos en arquitectura como a quienes buscan experiencias singulares y desean encontrar algo realmente único en sus viajes. La monumentalidad y la indefinición estilística han convertido este lugar en una de las atracciones más genuinas de la región.
Se trata del Templo de la Vera Cruz en la localidad de O Carballiño. El proyecto fue concebido en 1942 por el destacado arquitecto Antonio Palacios, cuyo nombre está detrás de emblemáticos edificios en Galicia y Madrid. Lamentablemente, el maestro no llegó a ver terminada su obra. Tras su fallecimiento, sus seguidores continuaron el trabajo, entre ellos el cantero Adolfo Otero Landeiro y otros artesanos locales. Trabajaron minuciosamente con materiales de la zona, principalmente granito y laja, dando vida a un ambicioso diseño. La imponente apariencia del templo, con su torre exterior dominante y la rotonda central, le confiere un aire de castillo medieval europeo.
La principal característica de esta obra es su eclecticismo. En sus formas se pueden intuir ecos de los pazos gallegos, austeros monasterios, catedrales góticas e incluso fortalezas defensivas. Esta riqueza de capas impide clasificar el templo dentro de un solo estilo arquitectónico. Como señalaba el historiador Felipe Senén Gómez, la obra de Palacios es una especie de quintaesencia de la arquitectura histórica de Galicia, donde confluyen las tradiciones del Camino de Santiago, la arquitectura británica e incluso la escuela vienesa. Precisamente esta diversidad estilística permite que cada visitante encuentre en el templo algo propio, provocando una admiración constante.
Para los amantes de la arquitectura familiarizados con el legado de Antonio Palacios, resulta curioso saber que el Templo Vera Cruz fue su última obra y el segundo gran proyecto religioso tras el Templo Votivo del Mar en Panxón. La construcción comenzó en 1943 y finalizó en 1957, varios años después de la muerte del arquitecto. Si se observa con atención, en sus líneas y formas algunos reconocen ciertas similitudes con la obra del genio catalán Gaudí, aunque no se trata de una imitación directa. Más bien, es una afinidad de espíritu, un afán por ir más allá de los cánones convencionales.
La iglesia de Vera Cruz no es solo un edificio religioso, sino también un importante referente cultural para toda la comarca. Desde su inauguración en los años 50 del siglo pasado, se ha convertido en un símbolo de identidad para los habitantes de O Carballiño, quienes se sienten tan orgullosos de ella como de sus famosas tradiciones gastronómicas. El templo ha sido declarado Bien de Interés Cultural. Cada uno de sus detalles está cargado de simbolismo, desde el arco parabólico hasta las esculturas de los Doce Apóstoles, añadidas en las fases finales de la construcción. Hoy, quienes lo visitan descubren no solo un monumento, sino un lugar donde la historia, el arte y la imaginación se funden en un todo, dejando una impresión imborrable.












