
Cuando se habla de catedrales españolas, la imaginación evoca las majestuosas agujas góticas de Burgos o las vastas naves de Sevilla. Sin embargo, los descubrimientos más sorprendentes a menudo se esconden lejos de las rutas turísticas. En la pequeña aldea aragonesa de Roda de Isábena, en la provincia de Huesca, se halla una auténtica joya: la catedral de San Vicente, que ostenta oficialmente el título de la más pequeña del país. No dejes que su tamaño modesto te engañe, ya que la historia y los tesoros de este lugar pueden eclipsar a muchos colosos.
Hoy en día, las listas oficiales cuentan con 88 catedrales, pero el templo de Roda de Isábena no figura entre ellas. A su nombre se le añade el prefijo “ex”, y no es casualidad. La historia de este lugar es un auténtico caleidoscopio de acontecimientos. La primera iglesia, consagrada en el año 956, solo permaneció en pie medio siglo. En 1006 fue destruida por las tropas del hijo del célebre caudillo Almanzor. Pero los habitantes locales no se rindieron y, apenas una década después, pusieron los cimientos del templo que vemos hoy, consagrándolo en 1030. Durante casi un siglo fue el centro de la diócesis, hasta que la sede episcopal se trasladó a Lérida (Lleida), perdiendo así su alto estatus. Sin embargo, el orgulloso nombre de “catedral” siguió vivo entre el pueblo, y su grandeza arquitectónica nunca desapareció.
El edificio, construido en el siglo XI, es un destacado ejemplo del románico lombardo. Sus sólidos muros y líneas austeras transportan a los visitantes a la época de la Reconquista. En el interior, la catedral está dividida en tres naves por imponentes columnas, y bajo el altar mayor se esconde una misteriosa cripta. Sin embargo, quizás la mayor impresión la cause su claustro interior. Aunque compacto, alberga más de doscientas lápidas funerarias, la más antigua de las cuales data de 1143. En el centro del patio hay un gran aljibe para recoger el agua de lluvia, recordando las duras realidades de la vida medieval.
No obstante, la principal reliquia de la catedral no es de piedra, sino de madera. Aquí se conserva la pieza considerada el mueble de madera más antiguo de toda la península ibérica: la llamada silla de San Ramón. Tallada en resistente boj, reproduce la forma de los antiguos sillones consulares romanos, pero con elementos que algunos expertos vinculan a influencias escandinavas. Su historia es trágica: el original fue robado por el célebre ladrón de arte Éric, apodado ‘El Belga’. El delincuente aserró el artefacto único en varias partes para venderlas por separado. De los fragmentos recuperados se realizó una copia exacta, que es la que puede verse hoy en día. El ladrón se llevó a la tumba el secreto del paradero del resto de las piezas.
El propio pueblo de Roda de Isábena, donde viven apenas unas 50 personas, es un museo al aire libre. Pasear por sus calles empedradas, rodeadas de silencio y tranquilidad, permite experimentar el espíritu de épocas pasadas. Además de la catedral, aquí se pueden encontrar otros tesoros, como un antiguo puente romano y, sorprendentemente para esta zona remota, un museo de modelismo naval. Este lugar demuestra que la grandeza no siempre se mide en metros.
Eric, apodado «El Belga» (su verdadero nombre es René Alphonse van den Berghe), fue uno de los ladrones de arte más conocidos del siglo XX. Operaba principalmente en España, donde robó miles de artefactos de iglesias y monasterios. Su audacia y conocimiento del arte alcanzaron fama legendaria. A pesar de sus detenciones, la mayor parte de lo robado nunca fue recuperada, incluyendo los fragmentos perdidos de la silla de San Ramón.












