
Joaquín Sabina siempre supo mantener su vida privada en la sombra, pero su obra está llena de historias de amor y desamor. Una de las figuras más importantes de su juventud fue Chispa, cuyo nombre real es Virtudes Artero. Se conocieron en Cádiz, cuando Sabina tenía solo 15 años y Chispa 12. Pasaban las tardes juntos en fiestas en casa que ellos mismos organizaban, y pronto se volvieron inseparables. Con el paso del tiempo, los sentimientos se hacían más fuertes, pero el padre de Chispa, que no aprobaba su relación, se convirtió en un obstáculo para los jóvenes.
A pesar de las prohibiciones, los adolescentes seguían viéndose y encontraban maneras de estar juntos. Tres años después de conocerse, su vínculo era aún más fuerte, aunque la presión de la familia de Chispa no cedía. Sabina, que ya soñaba con la música y la poesía, encontraba en esas experiencias inspiración para futuras canciones. A Chispa le dedicó una de sus primeras composiciones, «Una de romanos», que se convirtió en un símbolo de esa pasión juvenil y de la imposibilidad de estar juntos.
Cartas y distancia
En 1968, Sabina se marchó a estudiar a Granada y Chispa se trasladó con su familia a Granollers. Cientos de kilómetros los separaban, pero eso no impidió que mantuvieran el contacto. Los jóvenes sostuvieron una larga correspondencia, compartiendo pensamientos, sueños y recuerdos de los días que pasaron juntos. Sabina incluso se atrevió a un gesto desesperado: montó una tienda de campaña cerca de la casa de Chispa para poder estar cerca de ella, aunque fuera por un tiempo.
Sin embargo, la distancia y las circunstancias de la vida acabaron por hacer mella. Cuando Sabina se vio obligado a emigrar a Londres, su historia de amor llegó a su fin. Pero la amistad, a pesar de todas las pruebas, se mantuvo. De vez en cuando volvían a encontrarse, rememorando el pasado y manteniendo el contacto, aunque no siempre de forma cercana.
Memoria y pérdidas
Años después, Chispa se convirtió en una respetada profesora en la Universidad de Cádiz. Su vida estaba marcada no solo por los recuerdos de su primer amor, sino también por duras pruebas. Sufrió la trágica pérdida de su hijo, quien dedicó su vida a la caridad y fundó una organización para apoyar la educación en Perú. El joven falleció a causa de un cáncer de pulmón, y Sabina, que no pudo estar presente en el funeral, acudió al homenaje para apoyar a Chispa y a sus seres queridos.
En 2023, durante un concierto en Málaga, Sabina le dedicó públicamente el espectáculo a Chispa, llamándola su primer amor verdadero. Este gesto fue una muestra de que los recuerdos de la juventud y del primer amor siguen acompañándolo a lo largo de su vida. Para Chispa, esas palabras supusieron un importante recordatorio del profundo impacto que tuvo en el destino del famoso músico.
Las mujeres en la vida de Sabina
Además de Chispa, en la vida de Sabina hubo otras mujeres importantes. Su primera esposa fue Lucía Correa, con quien contrajo matrimonio durante su servicio militar. Más tarde, el destino lo unió a Jimena Coronado, una fotógrafa peruana. Su relación ya supera el cuarto de siglo, y juntos tienen dos hijas: Carmela y Rocío. A pesar de su nueva vida sentimental, Sabina no oculta que los recuerdos de Chispa siguen siendo una parte fundamental de su mundo interior y de su obra.
Si no lo sabía, Joaquín Sabina es uno de los cantautores españoles más reconocidos, cuyas canciones se han convertido en clásicos de la música contemporánea. Su trayectoria ha sido galardonada en numerosas ocasiones y sus letras suelen estar inspiradas en hechos reales y vivencias personales. Chispa, o Virtudes Artero, no solo inspiró a Sabina para escribir varias de sus canciones, sino que también simboliza su juventud. Hoy en día, ella sigue dando clases en Cádiz y su amistad, a pesar del paso del tiempo, sigue intacta.











