
El servicio conmemorativo en honor a la princesa Irina en Madrid se convirtió en un acontecimiento relevante para las familias reales de España y Grecia. La ausencia del rey Felipe y la reina Letizia en la ceremonia generó debate en la sociedad, ya que este tipo de eventos suele reunir a los miembros de la dinastía. Su ausencia se justificó por compromisos oficiales, aunque la atención del público se centró en quienes sí acudieron a rendir homenaje a la familiar fallecida.
En la iglesia de San Andrés y San Dimitrio se reunieron quienes mantenían un vínculo especialmente cercano con la princesa Irina. La figura principal fue la reina Sofía, que acudió acompañada por sus hijas, las infantas Elena y Cristina. También se sumó la sobrina Alexia con sus hijos, y de la generación más joven solo estuvo Victoria Federica. Todos vestían luto riguroso, subrayando la seriedad del momento y el respeto a la memoria de Irina.
Entre los asistentes destacaron tanto miembros de la familia como viejos amigos y representantes de otras casas reales europeas. Entre los invitados figuraban Piru Urquijo, Carlos Zurita con su hija María, la princesa Ana de Francia con su familia, el rey Simeón de Bulgaria, Beltrán Gómez-Acebo con su esposa, Jaime Alfonsín, Paloma O’Shea y el actor Antonio Resines junto a su esposa. Esta variedad de invitados demuestra el gran apoyo y la admiración que la princesa Irina supo ganarse a lo largo de su vida.
Tradiciones familiares
La ceremonia conmemorativa se celebró cuarenta días después del fallecimiento de la princesa, cumpliendo con la tradición ortodoxa. En esta fecha, familiares y allegados se reunieron para recordar su vida y brindarse apoyo mutuo. Para la reina Sofía fue un momento especialmente emotivo: en los últimos años las hermanas compartieron mucho tiempo juntas, y durante los periodos de enfermedad, Sofía no se separaba de Irina, incluso posponiendo sus propios compromisos por ella.
Según informa Mujerhoy, la ceremonia en Madrid fue la continuación de la despedida iniciada en enero. Entonces, tras el fallecimiento de Irina, ya se celebró un primer servicio en el mismo templo, antes de que los restos fueran trasladados a Atenas. En la capital griega se celebró el funeral oficial con la presencia del rey Felipe, la reina Letizia, sus hijas y otros miembros de la familia. La ceremonia finalizó en Atenas con el entierro en el cementerio de Tatoi, donde reposan los miembros de la dinastía griega.
Memoria y respeto
La princesa Irina era conocida no solo como miembro de la familia real, sino también por su entrega a la filantropía. Presidía la fundación «Mundo en Armonía», dedicada a apoyar proyectos sociales y ayudar a los necesitados. Su labor fue reconocida tanto en España como en Grecia. En los últimos años, Irina optó por una vida discreta, pasando su tiempo en familia en la residencia de La Zarzuela.
El servicio en Madrid fue no solo una despedida, sino también un recordatorio de la importancia de los lazos familiares y las tradiciones que unen a las generaciones. A pesar de la ausencia de algunas figuras clave, el ambiente del evento estuvo lleno de calidez y apoyo. La presencia de amigos y representantes de otras dinastías resaltó la relevancia internacional de la figura de Irina y su contribución a la vida pública.
La ceremonia conmemorativa demostró una vez más que, incluso después de la partida de una persona, sus obras y su memoria siguen vivas en los corazones de sus seres queridos y de quienes recibieron su ayuda. Para la sociedad española, eventos como este invitan a reflexionar sobre el valor de los vínculos familiares y el papel de las tradiciones en la vida contemporánea.
La Princesa Irina de Grecia nació en 1942 en Sudáfrica, cuando su familia estaba exiliada a causa de la guerra. Desde pequeña, creció en un entorno de diplomacia y filantropía. Tras su regreso a Europa, Irina participó activamente en la vida pública y más tarde se dedicó al trabajo en organizaciones benéficas. Su modestia y devoción a la familia la convirtieron en una de las figuras más respetadas entre los monarcas europeos. Incluso después de su fallecimiento, su nombre sigue siendo un símbolo de apoyo y cuidado hacia las personas.











