
Atrás quedaron los tiempos en que la desaparecida duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, vivía abiertamente y mantenía una relación casi idílica con la prensa. Disfrutaba del cariño y respeto popular, no temía a las cámaras y adoraba estar entre la gente. Hoy, la Casa de Alba se rige por normas no escritas muy distintas, que encarna a la perfección Bárbara Mirjan, esposa del duque de Arjona. Su boda con Cayetano Martínez de Irujo marcó el inicio de una nueva era para la famosa familia aristocrática: una etapa de discreción y de una casi espartana humildad.
La boda del duque de Arjona y Bárbara Mirjan, celebrada en la iglesia de Los Gitanos de Sevilla, tan venerada por su madre, se convirtió en símbolo de reconciliación y de un nuevo capítulo. Las antiguas desavenencias parecen haber quedado atrás, como lo confirmó la presencia en la ceremonia y el banquete en Las Arroyuelas del actual jefe de la casa, el duque de Alba. Este evento supuso el fin de los conflictos familiares. Sin embargo, no todos los miembros de la familia se mantienen en la esfera pública. Por ejemplo, Jacobo Siruela e Inka Martí se alejaron hace tiempo del mundo social y se han dedicado por completo a la edición y a un proyecto ecológico en su finca en Salamanca, heredada de su madre.
Otros miembros de la familia también eligen su propio camino. Fernando Martínez de Irujo, ya casi recuperado de una enfermedad oncológica, no rehúye de los eventos sociales y se le ha visto en el festival Starlite de Marbella. Él mismo habló abiertamente sobre su enfermedad, mostrando optimismo y ganas de vivir. Probablemente, la heredera que más se asemeja al carácter abierto de su madre es Eugenia Martínez de Irujo. Felizmente casada con Narcís Rebollo, mantiene un trato cercano con los periodistas y responde con naturalidad a cualquier pregunta, sin temor al interés público.
Una actitud completamente distinta muestran los hijos del actual duque de Alba fruto de su matrimonio con Matilde Solís. Ellos rara vez asisten a actos sociales y casi nunca conceden entrevistas. Aunque en ocasiones hacen excepciones, en general prefieren mantenerse en un discreto segundo plano, a diferencia de algunos de sus predecesores, cuya vida siempre atrajo una gran atención. Fernando, casado con Sofía Palazuelo, y Carlos, esposo de Belén Corsini, son conocidos por su elegancia, formación y discreción. Han logrado lo casi imposible: pasar inadvertidos, una tendencia cada vez más común entre los herederos de las élites aristocráticas y empresariales de España.
Muchos de ellos ni siquiera utilizan las redes sociales, lo que solo añade más misterio a sus figuras. Se podría decir que disfrutan de una «fama silenciosa». Es precisamente esta regla no escrita, que hoy marca la agenda de la Casa de Alba, la que Bárbara Mirjan aplica con éxito. Durante su relación con Cayetano Martínez de Irujo, se ha consolidado como una de las figuras más conciliadoras de la familia, contribuyendo al fortalecimiento de los lazos familiares recién recuperados.
Cabe destacar que la Casa de Alba es una de las familias aristocráticas más antiguas y prestigiosas de España, con una historia de más de cinco siglos. Sus miembros han desempeñado un papel clave en la vida política, cultural y social del país a lo largo de los siglos. El jefe de la casa ostenta más de 40 títulos, lo que lo convierte en el aristócrata más titulado del mundo según el Libro Guinness de los Récords. La familia posee numerosos palacios, castillos y valiosas colecciones de arte, incluyendo obras de Goya, Velázquez y Tiziano. La difunta XVIII Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, fue una de las figuras más carismáticas y excéntricas de la historia reciente de España.












