
La decisión de don Juan de Borbón de casarse con su prima María de las Mercedes de Orleans maduró años después de su último encuentro. Este momento decisivo se produjo poco después de que, de manera inesperada, él se convirtiera en heredero al trono de España tras la renuncia de sus dos hermanos mayores. La familia real, que vivía exiliada en Roma desde la proclamación de la Segunda República, se reunió el 14 de enero de 1935 en la boda de la infanta Beatriz, hermana de don Juan. Fue allí donde el destino de la dinastía cambió de rumbo.
Don Juan, nacido en 1913 en el palacio de La Granja, era el quinto hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, y nunca fue preparado para el papel de heredero. Aunque se consideraron otras candidatas para una alianza estratégica, incluidas las hermanas de María, fue cautivado por el carácter único de su prima, que combinaba dulzura y firmeza. María de las Mercedes era la tercera de los cuatro hijos del segundo matrimonio del infante don Carlos Borbón-Dos Sicilias y la princesa Luisa de Orleans. Por decreto del rey Alfonso XIII en 1908, a todos sus descendientes se les otorgaron los títulos de infantes de España.
Solo ocho meses después de aquel encuentro decisivo, el 12 de octubre de 1935, la pareja contrajo matrimonio en la basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma, ante cuatrocientos invitados. La novia lucía un espectacular vestido de brocado plateado de estilo medieval, creado por la casa de moda Worth. En muestra de sencillez, renunció a la tiara y eligió una sencilla diadema de flor de azahar para sujetar el velo, llevando un ramo de gladiolos adquirido a último momento. Sus únicas joyas fueron unos pendientes de perlas y el anillo de compromiso con rubí. Tras la ceremonia, los recién casados recibieron la bendición del papa Pío XII y celebraron la recepción en el Grand Hotel de Roma.
Su luna de miel se convirtió en una vuelta al mundo, al término de la cual se instalaron en Cannes. Nueve meses después nació su primera hija, la infanta Pilar. Los demás hijos —Juan Carlos, Margarita y Alfonso— nacieron en Roma. Más tarde, la familia se mudó a Lausana, Suiza, para estar cerca de la reina Victoria Eugenia, ya viuda. Pese a las motivaciones políticas, su unión resultó ser una exitosa alianza. María de las Mercedes era una mujer de gustos sencillos, ajena a la alta costura y a las joyas, y desempeñó un papel fundamental en mantener la unidad familiar en tiempos difíciles.
Su fortaleza fue puesta a prueba en numerosas ocasiones. Tuvo que afrontar la dolorosa separación de su hijo mayor, quien fue enviado a estudiar a España mientras la familia residía en Estoril. También debió forjar una relación complicada con la madre de su esposo, la reina Victoria Eugenia, cuya estricta educación contrastaba fuertemente con la suya propia. Además, tuvo que soportar las infidelidades de su esposo. Don Juan, aunque era un hombre encantador, era conocido por sus aventuras amorosas. Doña María afrontaba estas dificultades con el estoicismo propio de las mujeres de su época.
Sin embargo, el golpe más devastador fue la trágica muerte de su hijo menor, Alfonso. Con tan solo catorce años, fue asesinado cuando la pistola perteneciente a don Juan se disparó accidentalmente en manos de su hermano. Este suceso sumió a doña María en una profunda depresión que la llevó a problemas con el alcohol. Buscó ayuda en clínicas de Suiza y Alemania, pero jamás logró recuperarse completamente de la pérdida.
En los años siguientes, asumió el difícil papel de mediadora entre su esposo y su hijo. La tensión surgió cuando Juan Carlos se estableció en España y más tarde fue nombrado sucesor de Franco con el título de rey, hecho que don Juan consideró una traición. Con el tiempo, las heridas sanaron y padre e hijo se reconciliaron. En mayo de 1977, don Juan renunció oficialmente a sus derechos dinásticos en favor de su hijo. Doña María falleció el 2 de enero de 2000 en el palacio de La Mareta, rodeada de toda su familia. Su lugar de descanso final es el panteón real del monasterio de El Escorial, donde reposa junto a su esposo, el conde de Barcelona, fallecido el 1 de abril de 1993.












