
Unos pendientes de perlas naturales y diamantes, que en su día pertenecieron a María Amelia, esposa del último monarca francés, han vuelto a captar la atención de los coleccionistas. Su precio alcanza los 7 millones de euros, lo que resalta no solo su rareza sino también su valor histórico. Según russpain.com, piezas con un origen real confirmado raramente llegan al mercado abierto, y su interés ha aumentado tras recientes robos notorios en museos.
Los pendientes fueron elaborados hacia 1790 y durante más de dos siglos han sido heredados dentro de la familia Orleans. A diferencia de otras joyas de María Amelia, robadas del Louvre el año pasado, estos pendientes se conservan en estado excepcional y cuentan con documentación histórica completa. Entre las piezas sustraídas figuraban una tiara, un collar y pendientes con zafiros, así como joyas pertenecientes a otras damas de la nobleza francesa y europea. La única pieza recuperada fue la corona de la emperatriz Eugenia, que los ladrones abandonaron durante su huida.
Legado real
María Amalia pertenecía a las casas de Borbón y Habsburgo, lo que le permitió acceder a las mejores joyas de su época. Los pendientes que salen a la venta están decorados con grandes perlas de agua salada en forma de lágrima y diamantes de talla antigua. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, este tipo de perlas eran más valiosas que los diamantes, reflejando el gusto y las tradiciones de las cortes europeas. Posteriormente, los pendientes fueron modificados por el joyero Mellerio, proveedor oficial de la corona francesa, quien añadió el engaste de diamantes.
La joya perteneció originalmente a la madre de María Amalia, María Carolina de Austria, y fue entregada a su hija como reliquia familiar. En el retrato de 1817 realizado por François Gérard, la reina aparece luciendo estos mismos pendientes. Tras la caída de la monarquía en 1848, las piezas permanecieron en la propiedad privada de la familia y se heredaron: del hijo de María Amalia, el príncipe de Joinville, a su hija Françoise, y luego a su nieto, el príncipe Enrique. En el siglo XX, la joya estuvo presente en importantes ceremonias familiares, incluida una boda en Palermo en 1931 y, tras la muerte de la última propietaria en 2003, los pendientes fueron vendidos a un coleccionista privado en Suiza.
Pérdidas y hallazgos
Los pendientes Mellerio son una de las pocas joyas que se conservan de María Amalia, especialmente después del audaz robo en el Louvre, cuando fueron sustraídas las joyas de zafiro de la Galería de Apolo. La tradición familiar atribuía el origen de este conjunto a María Antonieta, pero una carta del rey Luis Felipe a Hortensia de Beauharnais confirma que fue adquirido en 1821. Todas las piezas están decoradas con zafiros de Ceilán engarzados en diamantes y permanecieron mucho tiempo en la colección de los Orleans, hasta que fueron vendidos al Louvre en 1985. La única tiara que no ingresó al museo se conserva en la familia y ha aparecido en diversas celebraciones, como en la boda del príncipe Alejandro de Yugoslavia en 1955.
El interés por el destino de las reinas europeas y su influencia en las tradiciones y el poder no disminuye. En este contexto, resulta relevante revisar el material sobre los cambios en la vida de doce monarcas que rompieron con las normas establecidas de la corte, — detalles sobre la vida de las reinas europeas revelan aspectos inesperados de sus biografías.
Dinastías y joyas
María Amalia no fue considerada reina legítima de Francia, pero precisamente sus joyas personales se volvieron símbolo de una época y de la continuidad familiar. Tras el exilio de 1848, trasladó parte de sus joyas a Inglaterra, donde permanecieron hasta mediados del siglo XX. La tiara de zafiros y perlas, que también perteneció a María Amalia, sigue estando en la colección del conde y la condesa de París y es una de las reliquias más valiosas de la familia Orleans.
La historia de estas joyas ilustra no solo los cambios en el destino de las dinastías europeas, sino también los complejos caminos que recorren los objetos de lujo a lo largo de las generaciones. Los pendientes, puestos a la venta en 2026, representan un raro ejemplo de reliquia real que ha sobrevivido a turbulencias políticas y robos, lo que los convierte en piezas especialmente atractivas para coleccionistas e historiadores.
María Amalia de Borbón-Dos Sicilias nació en una familia que unía a las principales dinastías europeas. Su madre, María Carolina de Austria, era hermana de María Antonieta, y la propia María Amalia se convirtió en esposa de Luis Felipe I, el último rey de Francia. Sus joyas, creadas por los mejores artesanos de Europa, reflejaban los gustos y tradiciones de la época, y el destino de estas piezas preciosas forma parte de la historia no solo de Francia, sino de toda Europa. Los pendientes de perlas y diamantes, que sobrevivieron revoluciones, robos y cambios de propietarios, siguen siendo hoy símbolo de grandeza perdida y continuidad familiar.












