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Perdidas en el tiempo: 6 pueblos abandonados de Cantabria

Viaje al pasado de Cantabria: estos pueblos fantasma guardan secretos centenarios

Cantabria alberga pueblos abandonados cuya historia se ha detenido en el tiempo. Las casas de piedra guardan secretos del pasado. Descubra estos lugares y sienta el espíritu de épocas desaparecidas. Le espera un viaje inolvidable.

Cantabria, con sus montañas escarpadas, valles verdes y antiguas sendas, esconde lugares donde el tiempo parece haberse detenido. En los rincones más recónditos de la región se encuentran pueblos abandonados, silenciosos guardianes de la memoria del pasado. Estas aldeas, que antaño estuvieron llenas de vida, hoy se han convertido en paisajes fantasmales que atraen a viajeros por su atmósfera misteriosa. Te invitamos a descubrir seis de las aldeas abandonadas más impresionantes de Cantabria, cada una con una historia única que contar.

Porciéda

En la soledad de las laderas del valle de Liébana se encuentra la diminuta aldea de Porciéda. Durante décadas no ha vivido nadie aquí, pero sus edificaciones siguen siendo un ejemplo de la arquitectura tradicional de la zona. Las casas de piedra y madera, a pesar del abandono, muestran técnicas de construcción centenarias. Entre las ruinas destaca la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, un templo humilde pero muy venerado en la comarca, que aún reúne a antiguos vecinos y sus descendientes en una fiesta veraniega. Además, Porciéda está situada en el cruce de antiguos caminos de peregrinación del Camino de Santiago, que hoy día se están recuperando activamente.

Quintanasolmo

En lo alto del valle de Valderredible, oculto entre un denso robledal, se esconde Quintanasolmo. Durante siglos fue un pequeño núcleo agrícola cuya economía se sustentaba en el cultivo de cereales, patatas y la cría de ovejas. La vida de sus habitantes estaba estrechamente ligada a las aldeas cercanas. Los vecinos recorrían a pie los senderos que unían su pueblo con Polientes y otros municipios. La emigración implacable fue despoblando poco a poco este lugar, dejando tras de sí solo huellas de una vida dura y comunitaria.

Moroso

El pueblo de Moroso, situado en una colina apartada entre espesos bosques, estuvo habitado hasta mediados del siglo XX. Las últimas familias vivieron en condiciones difíciles, desplazándose por antiguos y sinuosos senderos hasta los cercanos Valdeprado o Reocín de los Molinos. Durante siglos fue una pequeña aldea rural, dedicada a la agricultura de montaña, la ganadería y la explotación forestal. Su historia está marcada por disputas por los pastos y relatos de ataques de lobos que amenazaban a los rebaños. Hoy solo quedan ruinas silenciosas, entre las que apenas se adivinan los restos de las antiguas casas.

Montabliz

En el municipio de Bárcena de Pie de Concha se encuentra Montabliz, un lugar hoy completamente absorbido por el bosque. Aunque hace tiempo que no hay habitantes permanentes, el nombre del pueblo es conocido gracias al Viaducto de Montabliz, una de las mayores obras de ingeniería de la autopista A-67. En su día, el pueblo incluso tuvo su propia estación de tren, cuyo edificio aún se conserva, pero los trenes ya no realizan paradas aquí. El territorio forma parte de la Reserva Nacional de Saja, por lo que la naturaleza circundante destaca por su increíble riqueza. El propio pueblo ha quedado como un silencioso testimonio de la vida rural en el centro de Cantabria.

Somaconcha

Somaconcha es una pequeña aldea abandonada en el municipio de Pesquera, que, a diferencia de muchas otras, ha conservado varios edificios en buen estado. Entre ellos destaca la ermita, que sigue definiendo la silueta del lugar. A pesar de la ausencia de habitantes, la aldea no está del todo desierta gracias a su ubicación al inicio de la calzada romana de Blendios, uno de los monumentos históricos mejor conservados de la región. Los alrededores de Somaconcha están cubiertos de densos bosques de robles y hayas.

Villanueva

El destino de Villanueva es diferente al de otros pueblos abandonados de Cantabria. A mediados del siglo pasado, una parte significativa quedó sumergida bajo las aguas del embalse del Ebro. El asentamiento original fue casi completamente inundado, pero su símbolo más reconocible — la torre de la iglesia de San Roque — aún se alza sobre el agua. Hoy en día, en la nueva Villanueva viven solo unas pocas personas, y sus casas dispersas se encuentran entre la orilla del embalse, la carretera y la línea de tren. El pueblo moderno convive con la memoria de su antecesora sumergida.

Cabe señalar que el fenómeno de la llamada «España vaciada» (España Vaciada) es uno de los problemas demográficos más graves del país. Ha afectado especialmente a las regiones del norte, incluida Cantabria, donde la migración a grandes ciudades y los cambios en la economía han dejado pueblos enteros despoblados. En los últimos años, ha crecido el interés de turistas e investigadores por estos lugares, deseosos de conectarse con la historia detenida en el tiempo y de contemplar una arquitectura singular que poco a poco va cediendo ante la naturaleza.

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