
En la actualidad, el clavel se ha convertido en una parte inseparable de las ceremonias fúnebres y las fechas conmemorativas. Sin embargo, el camino de esta flor hacia su estatus como símbolo de memoria y duelo fue largo y lleno de acontecimientos. Ya en el siglo XIX en Rusia, el clavel tenía un significado muy distinto: representaba pasión, sensualidad y nobleza. En el libro de Dmitri Oznobishin «Selam, o El lenguaje de las flores», publicado en 1830, el clavel significaba amor apasionado, no tristeza. El color rojo se asociaba con la vida, no con la pérdida. Solo el aloe y el color negro se relacionaban con el luto y la muerte.
La tradición de llevar flores a las tumbas se remonta a civilizaciones antiguas. Los egipcios decoraban las sepulturas con flores, los griegos tejían coronas de rosas y mirto para los difuntos, y en el cristianismo las flores se convirtieron en símbolo de vida eterna y esperanza en la resurrección. Existe una leyenda que dice que los claveles rojos surgieron de las lágrimas de la Virgen María, y por eso se llevaban al cementerio durante la Pascua y las festividades religiosas.
Orígenes de la simbología
En la antigüedad, el clavel ya tenía un significado especial. El botánico griego Teofrasto lo llamaba «la flor divina», y los claveles solían decorar los altares de los dioses, además de ser llevados a las tumbas de los guerreros caídos. En este contexto, la flor simbolizaba no solo el amor, sino también la vida y el respeto por la memoria de quienes partieron.
En la Edad Media, el significado del clavel cambia. Se convierte en un símbolo de sacrificio y sufrimiento, lo que se refleja en el arte del Renacimiento. En la famosa pintura «La Virgen del Clavel» (Madonna mit der Nelke), el clavel en manos de la Madre de Dios señala los futuros padecimientos de Cristo. Poco a poco, esta flor empieza a asociarse con el recuerdo de los caídos y la tristeza.
El clavel y las revoluciones
En Francia, el clavel adquirió un significado especial durante las revoluciones. Los claveles rojos se convirtieron en símbolo de valentía y firmeza; se regalaban a los soldados que marchaban a la guerra. Las francesas depositaban en estos ramos la esperanza del regreso de sus seres queridos y la fe en su fortaleza. En Rusia, hasta principios del siglo XX, el clavel seguía siendo una flor secular, pero los acontecimientos revolucionarios de 1905 y especialmente la Gran Guerra Patria cambiaron su percepción. El clavel pasó a ser emblema de coraje, recuerdo de los caídos y parte inseparable del Día de la Victoria.
En Portugal, el clavel rojo se convirtió en un símbolo de libertad y esperanza tras los acontecimientos del 25 de abril de 1974, conocidos como la «Revolução dos Cravos». La gente salió a las calles con ramos de claveles, colocándolos en los cañones de los fusiles, lo que se volvió un emblema de cambio pacífico y marcó el inicio de una nueva era para el país.
Las flores de luto en la cultura
El clavel no es la única flor utilizada para expresar duelo. En los arreglos fúnebres son frecuentes los crisantemos blancos, las rosas rojas y escarlata, el gypsófila, los ásteres y las calas. Los crisantemos simbolizan tradicionalmente la amargura de la pérdida, las amapolas — antiguo emblema del sueño y la muerte—, mientras los lirios en algunos países representan la fe en la inmortalidad del alma.
Sin embargo, el clavel ha absorbido la experiencia de muchas épocas y culturas, convirtiéndose en un símbolo universal no solo de la amargura por la pérdida, sino también de la fuerza del amor, la memoria y la vida. Su historia es una historia de cambios, lucha y esperanza, reflejada en las tradiciones de distintos pueblos.












