
En Adamuz, escenario reciente de una de las tragedias ferroviarias más graves de los últimos años, el rey Felipe VI y la reina Letizia acudieron personalmente entre los restos para conocer de cerca las consecuencias del desastre. Su visita no fue un simple gesto protocolario: los monarcas recorrieron con atención el lugar del choque, donde todavía permanecían vagones volcados y restos de maletas y ropa de los afectados esparcidos por el área. El ambiente en la zona era tenso, pero también se respiraba una fuerte sensación de unidad y apoyo mutuo.
Acompañados por la vicepresidenta María Jesús Montero, los reyes conversaron con quienes se volcaron a ayudar en los primeros instantes tras el accidente. Entre ellos había tanto profesionales de rescate como vecinos de Adamuz que no dudaron en ofrecer su apoyo. Los monarcas prestaron especial atención a un joven del municipio llamado Julio, de solo 16 años, quien, junto a un amigo, fue de los primeros en llegar a la escena e intervino para sacar heridos de los vagones destrozados hasta la llegada de los servicios de emergencia.
Héroes entre nosotros
Los relatos de los testigos presenciales fueron especialmente conmovedores. Julio contó que regresaba de pescar cuando presenció las consecuencias del desastre. Sin dudarlo, él y su amigo corrieron hacia el tren para ayudar a quienes habían quedado atrapados. Según el rey, sus acciones son ejemplo de verdadera responsabilidad ciudadana. Otro vecino, Gonzalo Sánchez, rescató a 16 personas de los vagones utilizando su quad. Pasó casi toda la noche en el lugar del accidente y confesó que la imagen del “montón de hierro” en que se convirtieron los trenes quedará grabada en su memoria para siempre.
Los monarcas no ocultaron su emoción al escuchar los relatos de quienes participaron en las labores de rescate. Felipe VI subrayó que es en estos momentos cuando se demuestra la verdadera fortaleza y madurez de la sociedad. Destacó que el profesionalismo y la entrega de todos los implicados en la gestión del accidente merecen el mayor reconocimiento. La reina Letizia añadió que no se puede dar la espalda a la tragedia, incluso cuando comienza la retirada de los escombros: la responsabilidad de lo ocurrido recae en cada uno.
Una prueba para el sistema
Tras visitar el lugar del desastre en Adamuz, los reyes se dirigieron a Córdoba. Allí les esperaba la etapa más difícil del viaje: reunirse con las familias de quienes aún no han sido identificados. En el centro Poniente reinaba una atmósfera de angustia: los familiares aguardaban cualquier noticia sobre el destino de sus seres queridos que viajaban en el tren siniestrado y que todavía no han sido localizados ni entre los supervivientes ni entre los ingresados en hospitales.
La visita de los monarcas al centro fue breve y discreta. No hablaron directamente con las familias para no perturbar su tranquilidad, pero mostraron su respeto y condolencias, transmitiendo palabras de apoyo de todo el pueblo. El rey reconoció que para muchos este día fue un verdadero golpe y aseguró que el país no dejará a los afectados sin atención.
Sanitarios en primera línea
El último punto del recorrido fue el hospital Reina Sofía de Córdoba, donde siguen recibiendo atención los heridos en el accidente. Allí, el rey y la reina conversaron con los médicos y el personal sanitario, que desde los primeros minutos tras la catástrofe trabajaron sin descanso. Felipe VI destacó especialmente la rapidez y eficacia de la asistencia médica, gracias a la cual se evitó un número aún mayor de víctimas.
El monarca subrayó que el profesionalismo y la entrega de los sanitarios, rescatistas, bomberos y todos los involucrados en la gestión de la emergencia se han convertido en un verdadero ejemplo para todo el país. Señaló: «Pudo haber sido mucho peor» y agradeció a cada persona que no se quedó al margen en este momento difícil.
España ante la adversidad
Toda la visita de los reyes estuvo marcada por el apoyo y la solidaridad. Su presencia en el lugar de la tragedia y en el hospital fue una señal importante para la sociedad: en los momentos difíciles, el país se une y tanto ciudadanos como profesionales actúan juntos. España ha vuelto a demostrar que puede superar las pruebas más duras cuando está en juego la vida de las personas.
En momentos como estos queda claro: la fuerza del Estado no está en las palabras, sino en los hechos. Y gracias a esas acciones demostradas en Adamuz y Córdoba, el país mostró su verdadero rostro.












