
Albarracín: un rincón único en el corazón de Aragón
Con la llegada del otoño, muchos viajeros buscan nuevas rutas alejadas de los bulliciosos centros turísticos. En la provincia de Teruel se encuentra Albarracín, una ciudad que figura regularmente entre los lugares más bellos del país. Su casco histórico, declarado monumento de interés nacional, ha conservado una atmósfera medieval. Sus calles estrechas, casas con fachadas de piedra y madera, así como los característicos balcones, crean una imagen inconfundible de la ciudad.
Raíces históricas y herencia cultural
Albarracín atrae no solo por su aspecto, sino también por su rica historia. Los hallazgos arqueológicos demuestran que estas tierras estuvieron habitadas ya en la Edad del Hierro. A lo largo de los siglos la ciudad llevó distintos nombres: durante la época romana fue Lobetum, en tiempos visigodos Santa María de Oriente. En el siglo XI se formó aquí una taifa fundada por la familia bereber Banu Razin, que dio nombre actual a la ciudad. Más tarde, Albarracín pasó de una familia noble a otra, hasta integrarse en la Corona de Aragón a finales del siglo XIII.
Murallas y torres medievales
La ciudad está rodeada por imponentes murallas que ascienden por las laderas de la colina y ofrecen vistas impresionantes de los alrededores. Destacan especialmente las torres Andador y Doña Blanca, que conservan rasgos de la arquitectura musulmana. Pasear junto a estas construcciones permite sentir la huella de la historia y entender la importancia estratégica que tuvo este lugar en el pasado.
Monumentos y lugares de interés
En Albarracín se conservan numerosos monumentos arquitectónicos. La catedral de San Salvador, del siglo XVI, es conocida por su museo, que alberga tapices flamencos únicos. En pleno centro de la ciudad se eleva el Alcázar, una fortaleza donde residieron los fundadores de la localidad. El palacio episcopal, con su portada barroca, recuerda la importancia religiosa de la ciudad. En la plaza principal se sitúa el edificio del ayuntamiento, del siglo XVI, y la Casa de Julianeta, con su característico fachada inclinada, se ha convertido en uno de los símbolos de Albarracín.
Paisajes otoñales y rutas naturales
En otoño, los bosques cercanos se tiñen de tonos dorados y rojizos, lo que convierte los paseos por los alrededores en una experiencia especialmente pintoresca. Los amantes de las actividades al aire libre pueden recorrer rutas de senderismo o participar en la recogida de trufa negra, uno de los principales manjares de la región. En el propio pueblo suelen celebrarse ferias y funcionan talleres de artesanos locales.
Tradiciones gastronómicas
La cocina de Albarracín es famosa más allá de la región. El cordero preparado según recetas tradicionales goza de especial popularidad. Los menús de los restaurantes locales están dominados por platos de carne y verduras de temporada, muy valorados por las guías gastronómicas.
El camino hacia Albarracín
Se puede llegar a la ciudad desde Teruel por la carretera A-1512; el trayecto dura unos 40 minutos. Desde Zaragoza, el viaje toma aproximadamente dos horas, y en el camino los viajeros disfrutarán de paisajes montañosos pintorescos. Albarracín sigue siendo uno de esos lugares donde la historia, la naturaleza y la gastronomía se fusionan en un todo.












