
Al planificar un viaje por mar frente a las costas de las Islas Baleares, los turistas se encuentran con una amplia oferta: desde pequeñas lanchas hasta yates de lujo, con precios que van desde unos cientos hasta decenas de miles de euros por día. En total, el archipiélago dispone de unas 3.500 embarcaciones en alquiler. Hasta hace poco, este sector prosperaba, especialmente tras la pandemia, cuando españoles y extranjeros gastaban activamente en ocio. Sin embargo, la temporada actual ha sido una señal de alarma para las compañías de chárter.
Los meses de verano de 2025 han traído cambios inesperados. En Mallorca y Menorca, la demanda de alquiler de embarcaciones ha caído aproximadamente una cuarta parte, mientras que en Ibiza y Formentera la disminución ha sido aún más drástica —hasta un 50% en días laborables. Los empresarios comentan la situación con notable preocupación: muchos estaban preparados para ampliar la flota, pero ahora se ven obligados a posponer esos planes.
La principal causa de este descenso, según los expertos, es la actividad de arrendadores ilegales. Las llamadas embarcaciones ‘pirata’ operan siguiendo un esquema bien establecido: los anuncios se publican en portales extranjeros y los acuerdos se cierran directamente, eludiendo los puertos y el registro oficiales. Controlar estos barcos es prácticamente imposible: hoy pueden estar frente a la costa de Sóller y mañana ya en Palma. Según estimaciones de asociaciones profesionales, hasta el 40% de las ofertas en Mallorca y Menorca carecen de licencia, y en Ibiza y Formentera esta cifra alcanza la mitad del mercado.
Los problemas relacionados con el alquiler ilegal de embarcaciones se hacen cada vez más evidentes. Estas embarcaciones no pagan por el amarre y no cumplen con las normativas medioambientales: los residuos a menudo se arrojan directamente al mar o en playas poco concurridas, y los contenedores de basura en la costa están desbordados. Representantes del sector señalan que la lucha contra este fenómeno lleva años, pero las prioridades de las autoridades suelen centrarse en la regulación de los apartamentos turísticos, dejando al sector del chárter sin la atención necesaria.
Las autoridades de las Islas Baleares intentaron cambiar la situación publicando en julio un nuevo decreto que prohíbe el alquiler para embarcaciones con licencia recreativa. Ahora, las empresas están obligadas a indicar los datos de registro de cada embarcación y garantizar la existencia de un amarre oficial. Sin embargo, a pesar de estas medidas, los representantes empresariales consideran que sin un control más estricto — tanto en el agua como en internet — no será posible erradicar el mercado ilegal.
Otra razón de la caída es la disminución del poder adquisitivo de los turistas, especialmente de España, Italia y Alemania. Las Islas Baleares se han convertido en un destino caro, y muchos visitantes ahora prefieren viajes más cortos o descartan por completo el alquiler de barcos. En Ibiza y Formentera se nota la desaparición de la clientela de clase media, y la duración de las estancias ha disminuido: si antes los turistas se quedaban dos semanas, ahora intentan limitarse a 4 o 5 días.
Como resultado, el sector de los chárteres se ha visto doblemente afectado: por un lado, por la competencia ilegal, y por otro, por las dificultades económicas de los clientes. El sector exige a las autoridades medidas decisivas para preservar los puestos de trabajo y no perder el singular mercado náutico de las Islas Baleares.












