
En uno de los asentamientos más antiguos del Levante, los arqueólogos han descubierto una figura de arcilla que ha generado un intenso debate entre los especialistas. El hallazgo tuvo lugar en la zona de Nahal Ein Gev II, habitada en su día por representantes de la cultura natufiense. Se estima que el artefacto tiene unos 12.000 años de antigüedad.
La figurilla, hecha de arcilla cocida, mide poco más de 3 centímetros y pesa solo 12,6 gramos. A pesar de su tamaño reducido, sorprendió a los investigadores por su peculiar representación: muestra a una mujer, y sobre su espalda, cuello y cabeza — un ganso. El detallado modelado de la anatomía tanto del ave como de la figura humana llevó a los científicos a suponer que la escena no es casual.
En un principio, los expertos contemplaron la posibilidad de que la figura representara a una cazadora con su presa. Sin embargo, la postura del ganso y su ubicación no concuerdan con una escena de transporte de un animal abatido. El ave parece estar viva y adopta una posición típica de apareamiento.
Esta observación llevó a los investigadores a analizar las creencias de los natufienses. Se sabe que esta cultura profesaba concepciones animistas, atribuyendo alma no solo a las personas, sino también a los animales, las plantas e incluso a los objetos inanimados. En sus rituales y mitologías, eran habituales las representaciones de la interacción entre humanos y seres totémicos.
Según los arqueólogos, la figura podría simbolizar una unión mística entre una mujer y el espíritu de un animal. Motivos similares se encuentran en las mitologías de diferentes pueblos, donde los animales tótem ocupan un papel fundamental en el origen de la tribu o en su vida espiritual. En el asentamiento también se halló una gran cantidad de huesos de ganso, lo que indica una importancia especial de estas aves para los habitantes locales.
El análisis tecnológico reveló que la figura fue cocida a una temperatura relativamente baja —unos 400 grados—. Esto sugiere un enfoque intencionado en su creación, y no un objeto hecho al azar. El artesano que realizó el artefacto poseía un gran sentido artístico y un profundo conocimiento de la anatomía.
Sin embargo, no todos los especialistas coinciden en la interpretación ritual. Algunos expertos proponen hipótesis alternativas. Por ejemplo, existe la opinión de que la figura podría representar un ganso atacando a una mujer, y no una escena íntima. Se sabe que los gansos salvajes pueden mostrar un comportamiento agresivo hacia las personas, especialmente si se sienten amenazados.
A pesar de las discrepancias, el hallazgo de Nahal Ein Gev II ha supuesto una contribución importante al estudio de la vida espiritual de los antiguos habitantes del Levante. Demuestra la complejidad de su visión del mundo y la riqueza de su simbología, además de resaltar que las fronteras entre humano y animal en su conciencia eran mucho menos definidas que en la actualidad.
Los arqueólogos siguen analizando este tipo de artefactos para comprender mejor cómo se formaban las primeras ideas sobre el mundo entre las personas que estaban a punto de pasar a una vida sedentaria y al desarrollo de la agricultura.












