
La mañana en el bar La Bola, en la isla de La Cartuja de Sevilla, transcurría como de costumbre: estudiantes, empleados de empresas cercanas y transeúntes acudían a por su café y tostadas recién hechas. Pero ese jueves, el bullicio habitual dio paso a un tenso silencio: no sólo llegaron los clientes habituales, sino también periodistas, cámaras y hasta agentes de las fuerzas de seguridad. El motivo: la detención del propietario del local, el ex presidente de SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), Vicente Fernández, y los registros llevados a cabo por la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil.
La Bola, situado a tan solo unos pasos de edificios administrativos y oficinas de empresas públicas, hace tiempo que es punto de encuentro de funcionarios y trabajadores de la zona. Aquí se vendían billetes de lotería y en las mesas cercanas se escuchaban conversaciones sobre política, fútbol y las noticias del día. Sin embargo, esta jornada el ambiente era muy distinto: los empleados evitaban responder preguntas y los clientes seguían con expectación todo lo que ocurría.
Registros y detenciones
El foco no estaba solo en el bar, sino en su propietario. Vicente Fernández, quien desde 2023 figura como único administrador de la empresa La Bola Innovación SL, que gestiona el local, fue arrestado junto a otros implicados en el sonado caso: un ex asesor del Gobierno y un empresario de Servinabar. El operativo de la UCO no solo se desarrolló en Sevilla, sino también en Madrid y Zaragoza, lo que incrementó aún más el interés en el caso.
El personal de La Bola, acostumbrado al bullicio de los desayunos y almuerzos, esta vez se sentía fuera de lugar. Uno de los camareros, al notar el interés inusual, se limitó a decir: «Mejor no hablemos de eso». Sin embargo, era imposible ocultar lo que ocurría: periodistas se agolpaban en la calle y dentro del local se discutía no solo el menú, sino también detalles de la investigación.
Vínculos y sospechas
Lo curioso es que todas las instituciones clave donde Fernández forjó su carrera —Veiasa, Sandetel, la agencia IDEA— están a pocos minutos a pie de La Bola. Según fuentes cercanas, anteriormente la gestión del local estaba a cargo de su esposa, pero en 2023 el registro reflejó un cambio de administrador. Esto coincidió con un aumento en la facturación del bar, lo que llamó la atención de los investigadores.
Los investigadores sospechan que el repentino incremento de ingresos en La Bola podría estar relacionado con contratos firmados con organismos públicos. Ahora deberán esclarecer si el café se utilizó para blanquear fondos procedentes de operaciones dudosas. El foco de la investigación está puesto principalmente en los flujos financieros, y no solo en la figura del propietario.
La vida en la Cartuja
En días normales, La Bola es el punto de encuentro de estudiantes de la Facultad de Comunicación, ingenieros y empleados del parque tecnológico Sevilla TechPark. Aquí se comentan partidos de fútbol, se debaten las posibilidades de los equipos locales y se comparten planes para el fin de semana. Pero este jueves las conversaciones eran muy distintas: algunos recordaban la Expo 92, otros hablaban de cómo ha cambiado la Cartuja en los últimos años.
Empresas vecinas, como Ayesa, no notaron nada fuera de lo común el día de los registros: ni furgonetas policiales ni salida de documentos. Para la mayoría de los empleados, La Bola seguía siendo simplemente un lugar para tomar café y comer algo rápido. Sin embargo, ahora hasta los detalles más cotidianos —la terraza, las mesas, la carta con tapas típicas andaluzas— forman parte de una gran historia de investigación y detenciones sonadas.
La lotería y la nueva realidad
Los billetes de lotería vendidos en La Bola también llamaron la atención. El número 36.734, procedente de la famosa administración de Dos Hermanas, se convirtió en un símbolo de esperanza para muchos clientes habituales. Sin embargo, ahora las conversaciones sobre ganar han sido reemplazadas por discusiones sobre el futuro judicial del propietario y el destino mismo del local.
A mediodía, el bar quedó vacío: los empleados se preparaban para el almuerzo y uno de ellos, queriendo evitar las cámaras, retiró un papel con el número de matrícula y se marchó rápidamente. Vicente Fernández, ahora en el centro del escándalo, se ha convertido en un problema para sus antiguos compañeros y la dirección, mientras que La Bola simboliza lo rápido que puede cambiar la vida de un café aparentemente común en Sevilla.











