
España figura entre los países que no cumplen con los estándares de reciclaje de residuos establecidos por la Unión Europea. En 2025, la brecha entre los índices requeridos y los resultados reales de reciclaje y gestión de desechos sigue siendo considerable. El problema es especialmente grave en las ciudades, donde los métodos tradicionales de recogida y clasificación ya no son efectivos. En respuesta, Barcelona y su área metropolitana inician una ambiciosa reforma que se desarrollará durante la próxima década.
Las autoridades del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) tienen previsto invertir más de 670 millones de euros en una transformación integral del sistema de gestión de residuos. El objetivo principal es reducir la cantidad de basura destinada a vertederos y aumentar la tasa de reciclaje hasta alcanzar los estándares europeos. Para lograrlo, será necesario no solo renovar la infraestructura, sino también cambiar los hábitos de la población.
Nuevas normas para la recogida
El primer paso será eliminar los contenedores abiertos tradicionales de las calles. Serán sustituidos por sistemas modernos con identificación de usuarios, como los contenedores inteligentes y la recogida puerta a puerta. Este sistema permitirá controlar quién y cómo separa los residuos, mejorando así la calidad de la recogida selectiva. Actualmente, el índice de recogida selectiva en la región no alcanza ni el 40%, pero según los nuevos planes debería aumentar al menos hasta el 65%.
Paralelamente comenzará la construcción de diez nuevas plantas especializadas. Entre ellas habrá centros de recuperación de materiales, donde se abrirán talleres de reparación y tiendas para la venta de objetos restaurados. Se habilitarán espacios para el aprovechamiento de excedentes alimentarios, de modo que los productos no terminen en la basura, sino que se reutilicen. Otra novedad serán las estaciones de lavado de envases, lo que permitirá reutilizarlos y reducir la cantidad de plástico de un solo uso.
Apuesta por la materia orgánica
La atención especial se centrará en los residuos orgánicos. Actualmente, estos se recogen en contenedores marrones separados, tras lo cual se procesan en compost y biogás en dos plantas y en ecoparques. En el futuro, estos centros se transformarán en complejos modernos capaces de tratar 150.000 toneladas más de residuos orgánicos que en la actualidad. Del biogás se obtendrá biometano, un combustible ecológico que puede sustituir al gas tradicional.
Se prevé la construcción de dos estaciones adicionales en las zonas de Besòs y Llobregat. Estas se encargarán del pretratamiento de los residuos orgánicos para mejorar la eficiencia del reciclaje posterior. Este enfoque no solo permitirá reducir la presión sobre los vertederos, sino también obtener más productos útiles tanto para la agricultura como para la energía.
Lucha contra los residuos no reciclables
El problema no es solo la cantidad de residuos recolectados, sino también su calidad. Los residuos orgánicos que terminan en los contenedores grises ya no sirven para compostaje y requieren un tratamiento más costoso, casi el doble que los residuos correctamente separados. Para reducir la cantidad de basura que no se puede reciclar, se abrirán dos nuevas estaciones de postratamiento.
Una estará dedicada a la clasificación de textiles, materiales sanitarios y polietileno de baja densidad, fracciones que actualmente representan la mitad de toda la basura que acaba en el vertedero. La segunda estación recuperará materiales inertes como tierra, escombros y escorias, para su reutilización en la construcción. El objetivo es que menos del 16% de todos los residuos vayan a instalaciones finales de eliminación y que no más del 10% del total termine en vertederos.
Cambios legislativos
En los próximos años, en Cataluña se adoptarán nuevas leyes para regular la gestión de textiles y residuos voluminosos. Las empresas que comercialicen estos productos estarán obligadas a costear su reciclaje, como ya ocurre con los envases, aparatos electrónicos y pilas. Otra novedad será el sistema de retorno de envases (SDDR), que se prevé implantar en dos años. Esto permitirá reincorporar más vidrio, plástico y metal al ciclo productivo y, por tanto, reducir la generación de residuos.
Las autoridades apuestan por la prevención: cuanto menos residuos se generen, más fácil es reciclarlos. En la región ya funciona una red de centros “Mejor que nuevo” (Millor Que Nou), donde los ciudadanos pueden reparar gratuitamente objetos averiados. Al proyecto se suman bibliotecas, centros culturales y otras instituciones municipales para involucrar al mayor número posible de personas en el movimiento por un consumo responsable.












