
En Barcelona avanza la gran obra para culminar la torre más alta de la Sagrada Familia: la Torre de Jesucristo. Esta semana los constructores instalaron el último, cuarto elemento horizontal de la cruz que corona la cima de la torre. Ahora la estructura casi reproduce por completo la visión de Antoni Gaudí, quien soñaba con una cruz que brillara de día y resplandeciera de noche, elevándose sobre la ciudad.
La instalación de cada uno de los cuatro elementos horizontales no es tarea sencilla. Cada pieza pesa casi 13 toneladas y mide cerca de cuatro metros de largo. Su geometría es compleja: los bordes exteriores son cuadrados y los interiores, octogonales, para encajar perfectamente con el núcleo central. Al completarse, toda la estructura de la cruz alcanzará los 17 metros de altura, equivalente a un edificio de cinco pisos, y tendrá 13,5 metros de ancho. Será el punto más alto no solo del templo, sino de toda Barcelona.
Detalles arquitectónicos
Gaudí concibió la cruz con una geometría especial de doble rotación, visible también en otros elementos del templo. Para su acabado se utilizó cerámica blanca esmaltada y vidrio: materiales que no solo reflejan la luz del sol, sino que también resisten las inclemencias del tiempo. Por la noche, la cruz se iluminará con proyectores especiales situados en las torres de los evangelistas y apóstoles. Esta solución dará al templo una expresividad especial después del anochecer.
Dentro de la cruz se instalará una escultura del Cordero de Dios (Agnus Dei), obra del artista italiano Andrea Mastrovito. Este elemento representará la culminación simbólica de la visión arquitectónica que Gaudí desarrolló durante décadas. La escultura solo será visible desde ciertos ángulos, lo que aportará un aire de misterio y atractivo adicional para los visitantes.
Tecnología y retos
La instalación de cada elemento exigía precisión y una perfecta coordinación. Se utilizaron grúas modernas y sistemas de anclaje únicos para evitar hasta el más mínimo desvío. Los trabajos se realizaron a gran altura, donde incluso una brisa ligera podía representar un desafío importante. Ingenieros y arquitectos han destacado en varias ocasiones que tareas como estas son excepcionales incluso en la práctica mundial.
Se prestó especial atención a los materiales. Cerámica y vidrio no fueron elegidos al azar: además de su durabilidad, permiten que la cruz literalmente brille al sol. Por la noche, la iluminación creará el efecto de un símbolo flotando en el cielo, lo que sin duda atraerá a más turistas y peregrinos.
Significado para la ciudad
Con la instalación de la cruz, la Sagrada Familia consolida definitivamente su estatus como símbolo arquitectónico de Barcelona. La torre de Jesucristo se convertirá en el punto más alto de la ciudad, superando incluso la emblemática montaña de Montjuïc. Para los ciudadanos y visitantes, este acontecimiento no es solo una fase de construcción, sino un verdadero hito cultural e histórico.
La simbología de la cruz, su magnitud y la complejidad de su ejecución despiertan admiración incluso entre los más exigentes amantes de la arquitectura. Barcelona demuestra una vez más su capacidad para sorprender e inspirar, manteniéndose fiel a sus tradiciones y mostrando valentía al materializar las ideas más ambiciosas.












