
En Barcelona entran en vigor nuevas normas que afectan directamente la vida cotidiana de los habitantes y visitantes de la ciudad. A partir del 15 de febrero, los dueños de perros estarán obligados a rociar con agua los lugares donde sus mascotas hayan hecho sus necesidades. El incumplimiento de este requisito puede acarrear una multa de hasta 300 euros. Esta medida busca mejorar las condiciones sanitarias de las calles y preservar el mobiliario urbano, algo especialmente relevante para una metrópoli con alta densidad de población y un gran número de animales domésticos.
Las autoridades municipales han llevado a cabo una amplia campaña informativa para advertir a los ciudadanos sobre los próximos cambios. Instructores y voluntarios explicaron las nuevas normas en calles y plazas, subrayando la importancia de seguir las pautas de forma conjunta para mantener el orden. El consistorio señala que la ordenanza actualizada está dirigida a combatir conductas que suelen generar más reclamaciones y deteriorar la calidad del entorno urbano.
Multas y nuevas prohibiciones
Entre los cambios principales destaca el endurecimiento de las sanciones por dejar charcos de orina de perro. La única excepción son los perros de asistencia. Las autoridades insisten en que solo se puede emplear agua para diluir los residuos, sin añadir jabón, lejía ni vinagre. El incumplimiento de esta norma se considerará una infracción grave.
También se han incrementado las multas por no recoger a tiempo los excrementos de mascotas. Si el dueño no limpia tras su animal o deposita los residuos de forma incorrecta, se enfrenta a sanciones severas. Se presta especial atención a la limpieza de los espacios públicos más frecuentados por perros y gatos.
Además, han aumentado las multas por consumir alcohol en la vía pública, especialmente si ocurre en presencia de menores de edad o en zonas con restricciones nocturnas. Participar en los denominados “botellones” ahora puede acarrear sanciones de 100 a 600 euros, mientras que organizar rutas de alcohol para turistas se penaliza hasta con 3 000 euros.
Control sobre el comportamiento
Las autoridades han reforzado el control sobre el comportamiento en los espacios públicos. Orinar en lugares no habilitados, especialmente en calles estrechas, zonas de vida nocturna o cerca de baños públicos, puede suponer una multa de hasta 750 euros. Los autores de grafitis y pintadas no autorizadas deberán no solo pagar la sanción, sino también cubrir los gastos de limpieza y reparación de daños.
Se han establecido restricciones para mostrar ropa o artículos con connotaciones sexuales, así como para ir por la calle con el torso desnudo fuera de playas o instalaciones deportivas. Estas acciones pueden conllevar multas de hasta 300 euros. Por insultos, masturbación pública u otras formas de comportamiento indecente la sanción puede llegar a 600 euros.
Para garantizar el cumplimiento efectivo de las nuevas normas, el ayuntamiento ha encargado a la policía local multar a turistas y no residentes en el acto, especialmente en casos de infracciones graves. El objetivo es reducir la sensación de impunidad entre los visitantes de la ciudad, ya que anteriormente una parte significativa de las multas quedaba sin pagar.
Entorno urbano bajo control
La introducción de nuevas medidas en Barcelona refleja una tendencia general hacia el endurecimiento del control del orden en las ciudades españolas. Las autoridades buscan no solo mejorar la limpieza, sino también crear condiciones para una convivencia armoniosa entre vecinos y turistas. Iniciativas similares ya han generado controversia en otras regiones del país. Por ejemplo, en Valencia estalló recientemente un conflicto entre el ayuntamiento y el movimiento político Compromís a raíz de las multas por campañas callejeras, tema que se abordó en detalle en el artículo sobre las sanciones por acciones urbanas y sus consecuencias para el espacio público.
En los últimos años, las ciudades españolas han adoptado cada vez más medidas estrictas para mantener el orden en las calles. En Madrid y Sevilla también se han implementado restricciones al consumo de alcohol y a la aparición con el torso desnudo fuera de las playas. En algunas zonas de Cataluña se ha endurecido el control sobre el paseo de mascotas y la recogida de sus excrementos. Estos pasos generan debates intensos entre los habitantes, pero las autoridades insisten en que solo así es posible preservar la limpieza y la comodidad ante el crecimiento del turismo y la elevada densidad urbana.












