
En la capital de España ha surgido una nueva oleada de interés en el caso de la esposa del presidente del Gobierno. Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, volvió a comparecer en el juzgado para responder a preguntas sobre un asunto que desde hace meses ocupa las portadas de los medios españoles. En esta ocasión, a la lista de sospechas se sumó un nuevo punto, lo que incrementó aún más la atención sobre el caso.
Gómez, según se ha sabido, negó cualquier implicación en las acusaciones relacionadas con el uso indebido de fondos públicos. Explicó que en ocasiones pedía a su asistente en la residencia del primer ministro que transmitiera mensajes en su nombre, pero que lo hacía exclusivamente por amistad. Durante la audiencia, la esposa de Sánchez respondió únicamente a las preguntas de su abogado, y el procedimiento no duró más de unos minutos. Según testigos, se limitó a dar tres o cuatro respuestas breves.
La elección de Gómez de Cristina Álvarez como asistente personal se debió a la necesidad de nombrar a alguien para ese puesto, como ya hicieron anteriores esposas de líderes españoles. Subrayó que Álvarez era una amiga íntima y que sus funciones incluían la organización de la seguridad, la coordinación de actos oficiales y la interacción con el protocolo. Según Gómez, el horario laboral de la asistente era muy exigente: siete días a la semana.
Ese mismo día, Cristina Álvarez también fue citada a declarar, pero se negó a testificar. La llegada de Gómez estuvo acompañada de estrictas medidas de seguridad: entró al edificio por el garaje para evitar a la multitud. Alrededor de cincuenta representantes de los medios de comunicación y canales de televisión se congregaron en la entrada del juzgado en la plaza Castilla. A pocos metros del edificio, un grupo de activistas realizó una protesta con consignas e insultos dirigidos a Sánchez y su esposa.
Gómez está siendo investigada por cinco delitos, entre ellos malversación de fondos públicos, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y usurpación de funciones. En conjunto, estas acusaciones podrían suponer penas de entre medio año y ocho años de prisión.
El juez Peinado examina la gestión de Gómez en la Universidad Complutense de Madrid, donde ocupó cargos directivos en programas educativos. Durante la investigación, se han ido sumando nuevos episodios al caso y el propio juez ha sido criticado por instancias judiciales superiores por un posible abuso de autoridad. El último interrogatorio ha sido ya el cuarto para Gómez desde el inicio del proceso, motivado por la reciente ampliación de los cargos. El futuro judicial del caso sigue siendo incierto y el desarrollo de los acontecimientos suscita gran interés en la sociedad española.












