
A comienzos de año, los bomberos de Madrid se enfrentaron a una situación inesperada y preocupante: su unidad médica quedó inoperativa. La razón es tan banal como absurda: faltaban médicos. Uno se fue de vacaciones, otro estaba de baja, y no había quién los reemplazara. Hasta el 12 de enero, los bomberos estuvieron sin la habitual asistencia sanitaria, lo que generó una ola de indignación entre el personal y los sindicatos.
Los bomberos no esconden su frustración. Para ellos, el servicio médico no es una formalidad, sino una parte vital de su labor. Se encarga de la salud y la seguridad de toda la plantilla: desde revisiones periódicas hasta el control de vacunaciones y la adaptación de los puestos de trabajo. Sin embargo, ahora que el número de bomberos en la región casi se ha duplicado en los últimos veinte años, el personal sanitario sigue siendo el mismo: solo cuatro plazas, de las cuales dos están ocupadas. Esto no solo es insuficiente, es peligroso.
Alertas encendidas
Los sindicatos llevan años dando la voz de alarma. Sostienen que la situación del área médica de los bomberos viene deteriorándose desde hace tiempo y de manera deliberada. Consideran que todo forma parte de una estrategia para debilitar las estructuras públicas y traspasar gradualmente sus funciones al sector privado. Como ejemplo, citan a Fremap, que ya gestiona la mayoría de los trámites por bajas y accidentes laborales de los funcionarios regionales.
Los sindicatos hablan claro: las autoridades deliberadamente no cubren las vacantes, no se apresuran a buscar nuevos especialistas y, en cambio, recurren cada vez más a empresas privadas. Esta situación se vuelve especialmente crítica tras la jubilación de uno de los médicos y la prolongada búsqueda de un reemplazo. Como resultado, cuando uno de los especialistas restantes se fue de vacaciones y otro enfermó, el servicio simplemente dejó de funcionar.
Las autoridades insisten
Por su parte, los portavoces oficiales del gobierno regional aseguran que no hay planes de privatización y que las acusaciones de los sindicatos no son más que suposiciones. Según ellos, el servicio sigue en funcionamiento, aunque de forma limitada. Las enfermeras y el personal administrativo permanecen en sus puestos, y las emergencias siguen siendo atendidas por Fremap. Las autoridades prometen que ya se ha iniciado el proceso para sustituir al médico jubilado y que la vacante se cubrirá pronto.
Sin embargo, los bomberos y sus representantes no creen en estas garantías. Señalan que, incluso si se ocupan las cuatro plazas, esto sigue siendo insuficiente para la carga de trabajo actual. Hace veinte años, el servicio estaba dimensionado para 900 empleados, y hoy ya son más de 1.700. Además, la presión sobre el personal sanitario solo aumenta, pero los recursos no crecen.
Problemas desde dentro
Dentro del equipo reina la sensación de haber sido abandonados. Muchos consideran que la dirección del servicio de emergencias actúa con negligencia, sin preocuparse por la salud y seguridad de sus empleados. Algunos incluso hablan de una «inacción activa», cuando los problemas permanecen sin resolverse durante años y cualquier intento de llamar la atención es ignorado.
Los bomberos subrayan que no se trata solo de los exámenes médicos. La unidad médica es responsable de numerosas tareas cruciales: desde el control del estado del equipo hasta el apoyo en la selección de nuevo personal. Sin este respaldo, el funcionamiento de todo el servicio se vuelve menos eficiente y más arriesgado.
Mirando hacia el futuro
La situación del cierre temporal de la unidad médica del cuerpo de bomberos de Madrid se ha convertido en un termómetro para todo el sistema. Ha puesto de manifiesto lo vulnerables que pueden ser incluso las estructuras más importantes cuando se gestionan de manera residual. Los bomberos temen que, si la tendencia continúa, su servicio termine en manos de empresas privadas, lo que afectaría no solo la comodidad, sino también la seguridad de toda la ciudad.
Por ahora, las autoridades prometen solucionar la situación y los sindicatos insisten en la urgencia de cambios inmediatos. Pero es evidente que la confianza entre los bomberos y la dirección está seriamente dañada y su recuperación no será sencilla. La pregunta sobre quién y cómo cuidará la salud de quienes arriesgan su vida a diario por los demás sigue sin respuesta.











