
La mañana del miércoles en Badalona comenzó uno de los mayores operativos de desalojo de migrantes en Cataluña. Agentes de los Mossos d’Esquadra, la policía local y representantes de las fuerzas nacionales del orden llegaron al edificio del antiguo liceo, donde durante dos años residieron más de cuatrocientas personas, en su mayoría procedentes de países del África subsahariana. Aunque algunos de los habitantes habían abandonado el lugar de antemano, la mayoría permaneció allí hasta el último momento, al no tener otra alternativa para pasar la noche.
La decisión de proceder con el desalojo se tomó tras una orden judicial emitida el 4 de diciembre. Las autoridades municipales obtuvieron autorización para ejecutar la operación durante el día y debían completarla en un plazo de dos semanas. El alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, afirmó que estas medidas eran necesarias para garantizar el orden, asegurando que entre los ocupantes del antiguo liceo había muchas personas que infringían la ley y representaban un riesgo para la seguridad pública.
Reacción social
Desde primera hora de la mañana, activistas y defensores de derechos humanos se congregaron frente al edificio. Protestaron contra el desalojo, acusando a las autoridades de inacción y de no ofrecer apoyo a los grupos más vulnerables. Los abogados que representan a los residentes intentaron frenar el operativo recurriendo al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero su solicitud fue rechazada apenas unas horas antes de que comenzara el desalojo.
Las autoridades municipales advirtieron con antelación que no podrían ofrecer alojamiento temporal a la mayoría de los desalojados. De las más de cuatrocientas personas, solo unas treinta consideradas especialmente vulnerables tuvieron la posibilidad de alojarse temporalmente en hoteles o pensiones. El resto se vio obligado a buscar refugio por su cuenta: algunos se trasladaron a otros asentamientos informales, mientras que otros montaron tiendas de campaña en la calle.
Sin alternativas
Los servicios sociales de la ciudad hicieron un seguimiento de 166 residentes del antiguo liceo, pero ni siquiera para ellos se encontraron soluciones adecuadas. La mayoría quedó sin techo y las autoridades locales no ofrecieron opciones de alojamiento a largo plazo. Según uno de los exresidentes, Ibrahima, originario de Nigeria, abandonó el edificio varios días antes del desalojo por temor a enfrentamientos y la incertidumbre.
El operativo en Badalona fue uno de los mayores desalojos de migrantes en España. En solo unas horas, el edificio quedó completamente vacío y la policía acordonó la zona. Las autoridades insisten en que actuaron dentro de la legalidad, pero las críticas de organizaciones sociales y vecinos no cesan.
Consecuencias y protestas
Muchos de los que se quedaron en la calle no saben dónde pasarán las próximas noches. Algunos ya se han unido a otros campamentos improvisados en las afueras de la ciudad, mientras que otros se ven obligados a dormir al aire libre. Los activistas siguen exigiendo al ayuntamiento y a las autoridades regionales que busquen soluciones para quienes se encuentran en una situación difícil.
El desalojo de los antiguos residentes del liceo B9 ha dado pie a nuevos debates sobre la política migratoria y el apoyo social en Cataluña. La cuestión de cómo las autoridades afrontarán el problema de los asentamientos informales y la integración de los migrantes sigue siendo una incógnita.











