
El club de fútbol CE Europa se ha visto envuelto en una situación inesperada: el próximo partido del equipo estuvo a punto de suspenderse por el mal estado del campo en el estadio Can Dragó de Barcelona. Tras las intensas lluvias de diciembre y un brusco descenso de temperaturas, el césped no logró recuperarse y ya no queda tiempo para su rehabilitación. Ante esto, el club tuvo que acudir de urgencia a la federación para solicitar el cambio de sede y, finalmente, se decidió jugar en el Estadi Municipal la Bòbila de Gavà.
Inicialmente, el encuentro ante Atlético Madrileño debía disputarse en Can Dragó, designado como estadio alternativo en caso de que el campo principal, Nou Sardenya, no cumpliera con los requisitos federativos. Sin embargo, pese a las inversiones en infraestructuras —renovación de vestuarios, gradas y zona de prensa—, el problema fundamental persistió: el césped nunca terminó de arraigar. La ironía es que precisamente este terreno de juego, y no otro aspecto, se ha convertido en el principal obstáculo para el club recién ascendido de categoría.
Dificultades regulatorias
La situación se ha vuelto aún más compleja porque la federación prohíbe disputar partidos de la máxima categoría en campos de césped artificial, como el que ahora tiene el Nou Sardenya. El club ya había obtenido una prórroga de medio año para seguir usando su campo habitual, pero ahora, al tener que recurrir a su opción de reserva, esta tampoco está disponible. El intento de aplazar el partido fue rechazado por el delegado federativo, que concedió a CE Europa apenas unos días para encontrar un nuevo estadio.
La opción de jugar en Gavà parece lógica: es un campo de césped natural que cumple los requisitos, aunque con una capacidad limitada de apenas 1.600 espectadores. Es la mitad del mínimo exigido por la federación, pero el club alega precedentes: esta temporada ya se disputaron partidos en estadios con menos público y nadie protestó. Sin embargo, las cuestiones formales son inflexibles y la decisión de la federación sigue siendo una incógnita.
Impacto en los aficionados
Para el CE Europa, el problema no es solo técnico, sino también emocional. El club siempre ha estado orgulloso de su fuerte vínculo con la afición, y mudarse a otro campo se percibe como una pérdida de identidad. El presidente Héctor Ibar ya advirtió en verano que abandonar Nou Sardenya es casi una traición a la tradición. Pero ahora no hay margen de elección: o se busca un compromiso, o se arriesgan a que se suspenda el partido y lleguen las sanciones.
La logística del traslado es un desafío aparte. No basta con llegar a un acuerdo con el nuevo estadio, también hay que reactivar rápidamente la venta de entradas, organizar el transporte para los aficionados y avisar a todos los implicados. No hay tiempo que perder: el partido es inminente y cualquier retraso podría ser desastroso para el club.
Perspectivas y expectativas
Sin embargo, la directiva de CE Europa confía en que la federación muestre flexibilidad y permita disputar el partido en Gavà, a pesar de las irregularidades formales. Para el club, es una oportunidad no solo de salvar el encuentro, sino también de no perder el respeto de su afición. En el escenario ideal, este será el único partido lejos de casa: para la siguiente cita ante Hércules de Alicante, el césped de Can Dragó debería estar listo y el equipo podrá retomar su calendario habitual.
El caso de CE Europa ilustra cómo los requisitos burocráticos y los caprichos del clima pueden amenazar toda una temporada. En España, donde el fútbol es mucho más que un deporte y forma parte de la identidad nacional, este tipo de situaciones siempre genera una ola de emociones. A decir verdad, a veces parece que las pasiones por el césped superan incluso a las que se viven dentro del campo.












