
En España persiste un grave problema de acceso a la vivienda para familias jóvenes y personas solas. En Alzira, a 45 kilómetros de Valencia, decenas de jóvenes se ven obligados a pasar la noche en la calle ante la puerta de una inmobiliaria para no perder la oportunidad de comprar un piso a precio reducido. Esta situación pone de relieve cómo los altos precios del mercado inmobiliario privan a toda una generación de la posibilidad de acceder a una vivienda propia.
La mañana del sábado aparecieron las primeras tiendas de campaña y sacos de dormir frente a la oficina de la agencia en la calle principal de la ciudad. Parejas jóvenes, amigos e incluso padres se relevan para no perder su lugar en la cola. Para muchos, esta es la única oportunidad de elegir entre los 123 pisos nuevos que estarán disponibles mediante un programa de vivienda con apoyo estatal. En un contexto donde los precios habituales de los pisos hace tiempo que superan las posibilidades de la mayoría, este tipo de campañas genera una gran expectación y obliga a la gente a tomar medidas extremas.
Turnos nocturnos
Miriam Segura y su pareja Nico llevan varios días acampados ante la inmobiliaria, turnándose y resguardándose bajo mantas eléctricas. Se les han sumado otras familias, organizando verdaderos turnos de seis a siete horas. Los vecinos les acercan café y comida, y el propietario de la agencia ha instalado electricidad para que los jóvenes puedan cargar sus móviles y encender lámparas por la noche. Pese al frío y el viento, nadie planea rendirse: demasiado en juego.
Esta vez, los organizadores controlan estrictamente el orden: la inscripción para las viviendas se realizará únicamente por orden de llegada presencial y un inspector se encargará de evitar que se repitan los escándalos ocurridos en Alicante. Cada participante podrá elegir un piso concreto y para formalizar la compra será necesario abonar el 10% del precio ya en primavera. El resto de los pagos se repartirá a lo largo de dos años, lo que hace la adquisición más accesible para las familias jóvenes.
Estrategias familiares
Muchos de los que hacen fila ya llevan tiempo viviendo por su cuenta, pero se han visto obligados a volver con sus padres para reunir dinero para la entrada. Incluso con empleo estable y contratos indefinidos, tras pagar el alquiler y los servicios, a los jóvenes les quedan apenas unos cientos de euros al mes. Para ellos, comprar una vivienda no solo es un paso hacia la independencia, sino también la única manera de dejar de pagar un alquiler que no da ninguna garantía a futuro.
En la cola también se ven padres que apoyan a sus hijos adultos. Natalia, madre de dos, señala que incluso alquilar una habitación les cuesta a sus hijos 250 euros, y tener una vivienda propia parece un sueño inalcanzable. Algunos esperan comprar pisos pequeños o buhardillas, pese a que los precios no son especialmente bajos. Para muchos, lo importante es al menos intentar conseguir una oportunidad de acceder a una vivienda, ya que ofertas similares prácticamente no existen en el mercado.
Expectativas y elecciones
Estudiantes y jóvenes profesionales, como Ana, de 23 años, pasan el tiempo en la fila con libros para hacer más llevaderas las horas de espera. Planifican cuidadosamente sus acciones: algunos hacen guardias por la noche, otros llegan por la mañana para no perder la oportunidad de elegir la mejor opción. Los pisos con terraza son especialmente codiciados, pero su número es limitado y la competencia por ellos resulta especialmente intensa.
El propietario de la agencia destaca que no se veía tal expectación desde hace muchos años. Las viviendas nuevas, con buenos acabados y ubicaciones convenientes, despiertan interés incluso entre quienes antes no contemplaban la compra. Mientras tanto, los precios en el mercado de segunda mano en Alzira ya se acercan a los niveles previos a la crisis, y la oferta sigue siendo muy limitada. Para muchos jóvenes es la única oportunidad de adquirir su propio piso sin endeudarse en exceso.
Contexto y tendencias
En los últimos años, en España son cada vez más frecuentes las noticias sobre filas nocturnas en busca de vivienda asequible. En las grandes ciudades y sus alrededores, los jóvenes buscan cualquier oportunidad para no quedarse sin techo. Estas acciones se han vuelto cada vez más habituales y la demanda de vivienda con apoyo estatal supera con creces la oferta. En regiones donde hace años que no se construyen nuevos pisos bajo programas sociales, la expectación alcanza su punto máximo. Esta tendencia refleja una profunda crisis en el mercado inmobiliario y una creciente tensión social entre los jóvenes españoles.












