
El Tribunal Supremo de España ha emitido un fallo en el caso contra el fiscal general Álvaro García Ortiz, y el texto de la resolución ha generado numerosas dudas entre expertos en lenguaje y derecho. La atención se centró no solo en los detalles jurídicos, sino también en la forma en que los jueces expresaron sus conclusiones. En la sentencia, de 180 páginas, aparecen expresiones que difuminan la línea entre hechos probados e hipótesis. No se trata solo de un estilo: este tipo de formulaciones puede influir en la percepción del fondo del caso.
En el texto de la sentencia se utilizan con frecuencia verbos que expresan posibilidad o probabilidad, incluso al referirse a hechos que aparentemente ya han sido demostrados. Por ejemplo, los jueces señalan que cierta información ‘podría haber sido obtenida’ por el periódico con autorización del fiscal, aunque no existen pruebas directas de ello. Según algunos lingüistas, estas expresiones generan una sensación de incertidumbre y pueden confundir incluso a lectores experimentados.
Gramática y justicia
El uso del llamado ‘condicional’ en documentos judiciales no es infrecuente, pero en este caso adquiere un significado especial. En la sentencia aparecen frases como ‘el periódico podría haber obtenido el documento con autorización del fiscal’, lo que en la práctica significa: si eso ocurrió, fue solo bajo ciertas condiciones. Sin embargo, en la sección dedicada a los hechos probados, este tipo de expresiones resulta impropio y pone en duda el rigor del relato.
Los lingüistas señalan que este tipo de construcciones son habituales en el periodismo, donde se utilizan para transmitir rumores o información no confirmada. Sin embargo, en las resoluciones judiciales, donde cada palabra tiene peso, su uso puede llevar a ambigüedades. Como resultado, el lector no siempre puede discernir si se habla de hechos reales o de escenarios hipotéticos.
Conclusiones dudosas
En algunos casos, los jueces sacan conclusiones basándose en indicios indirectos y no en pruebas directas. Por ejemplo, se afirma que cierta carta «debió haber salido» de la fiscalía, aunque nadie presenció el momento de la entrega. Este es un ejemplo típico de deducción, cuando a partir de un hecho se infiere otro, sin tener una visión completa de la situación.
Estas formulaciones pueden ser aceptables en el habla cotidiana, pero en documentos jurídicos generan interrogantes. Si el tribunal está seguro de sus conclusiones, ¿por qué no decir directamente: «La carta salió de la fiscalía»? Esa falta de certeza en las formulaciones puede interpretarse como señal de falta de pruebas o como deseo de dejar espacio a interpretaciones.
El papel de las suposiciones
En la sentencia también aparecen otras expresiones que indican suposiciones. Por ejemplo, se señala que los mensajes del teléfono pudieron haber sido eliminados antes de que el acusado conociera la investigación. Sin embargo, el propio acusado sostiene que los borró antes, y los peritos no pudieron determinar con exactitud la fecha de eliminación. Como resultado, los jueces recurren a fórmulas que dejan margen para la duda.
Otro ejemplo es el uso del verbo «inferir» (sacar una conclusión). Los jueces escriben que «es lógico suponer» que ciertas acciones no se realizaron conforme a la ley, sino como parte de una estrategia de defensa. Sin embargo, la lógica no siempre equivale a la verdad: a veces las conclusiones son erróneas si los datos iniciales son incompletos o mal interpretados.
Lenguaje y percepción
A pesar de algunos puntos controvertidos, en general el texto de la sentencia está redactado con bastante claridad, incluso teniendo en cuenta la especificidad jurídica. Sin embargo, el uso excesivo de construcciones complejas, las mayúsculas frecuentes y las comas a veces innecesarias pueden dificultar la comprensión para quienes no son especialistas. Como resultado, el lector puede tener la impresión de que los jueces no están completamente seguros de sus propias conclusiones.
Este estilo de exposición no solo complica la comprensión, sino que también puede influir en la opinión pública sobre el caso. Cuando los documentos oficiales permiten ambigüedades, eso da margen a especulaciones y suposiciones, lo cual es especialmente peligroso en procesos de alto perfil.
Si no lo sabías, Álvaro García Ortiz ocupa el cargo de fiscal general de España desde 2022 y ha estado involucrado en varios casos judiciales notables. Su labor genera frecuentemente controversias tanto en el ámbito jurídico como entre políticos. El Tribunal Supremo de España es la máxima instancia judicial del país y sus decisiones tienen un impacto considerable en la práctica legal. En casos como estos, cada palabra del fallo puede convertirse en objeto de debate e incluso cambiar el curso de los acontecimientos.












