
En los últimos años, España se enfrenta a un fenómeno inusual: el pensamiento mágico, donde las explicaciones sencillas desplazan a los hechos científicos, es cada vez más evidente. En una sociedad donde la ansiedad y la incertidumbre se han vuelto parte de la vida cotidiana, muchos buscan respuestas en teorías conspirativas e interpretaciones místicas de los acontecimientos. No se trata solo de un juego inocente de la imaginación: estas creencias establecen nuevos límites en la percepción de la realidad y afectan el comportamiento de millones de personas.
Cuando figuras públicas como la actriz Elisa Mouliaá afirman que las estelas blancas de los aviones son dañinas, provocan una intensa reacción. Aunque la ciencia ha explicado desde hace tiempo este fenómeno como simple condensación, las sospechas y los miedos se propagan más rápido que los hechos. Declaraciones de este tipo sirven de catalizador para movimientos que rechazan las versiones oficiales de los hechos, incluyendo la eficacia de las vacunas y los avances médicos.
Impacto en la sociedad
En España, el movimiento de escépticos y antivacunas está ganando fuerza. Aunque las vacunas han salvado millones de vidas y han ayudado a frenar enfermedades peligrosas, una parte de la población sigue creyendo en amenazas ocultas. No se trata simplemente de una falta de información, sino de una desconfianza profunda hacia las instituciones oficiales y el saber científico. La gente busca respuestas fáciles a cuestiones complejas, especialmente cuando enfrenta ansiedad y una sensación de pérdida de control.
El pensamiento mágico hoy en día no abre nuevos horizontes, sino que, por el contrario, los limita. Deja de ser una herramienta para comprender el mundo y se convierte en una forma de evadirse de la realidad. En la infancia, los cuentos y la fantasía ayudaban a superar miedos, pero en la edad adulta, la creencia en milagros y conspiraciones suele llevar al aislamiento y la alienación.
Congresos y nuevas comunidades
En distintas regiones del país se realizan encuentros y congresos donde se debaten versiones alternativas de la historia, la medicina y la ciencia. En este tipo de eventos, como el reciente congreso en Balaguer (Lleida), se reúnen quienes desconfían de las fuentes oficiales. Allí es común escuchar afirmaciones de que a las personas les han arrebatado la salud, que la historia ha sido reescrita y que la ciencia se ha vuelto desalmada. Entre los asistentes hay médicos, periodistas y científicos que se consideran luchadores por la verdad.
Estas comunidades construyen a su alrededor una atmósfera especial: predomina una sensación de exclusividad y pertenencia a los “despiertos”. A cambio de renunciar al pensamiento crítico, se ofrece una impresión de seguridad y control. Pero tras ello se esconde una tendencia peligrosa: el rechazo al análisis racional y la adopción de decisiones emocionales.
Consecuencias psicológicas
Las investigaciones muestran que la afición por las teorías de la conspiración está relacionada con un aumento de la ansiedad, el aislamiento social y el deterioro de la salud mental. Las personas propensas al pensamiento mágico suelen desconfiar más de los demás y sentirse impotentes ante amenazas externas. Este contexto favorece el surgimiento de líderes autoritarios y una mayor polarización en la sociedad.
Paradójicamente, el intento de encontrar respuestas simples y eliminar el miedo genera aún más tensión interna. Cuanto más se aferra una persona a la ilusión de control, mayor es su vulnerabilidad a la ansiedad y la depresión. Como resultado, la sociedad queda atrapada en una paradoja: el deseo de protegerse de la incertidumbre provoca un aumento de la desconfianza y la tensión social.
El precio de renunciar a la razón
En España, el pensamiento mágico ha dejado de ser solo una elección personal para convertirse en un factor que influye en la conciencia colectiva. El abandono de un enfoque racional hacia la información y la ciencia hace que la sociedad sea más vulnerable a la manipulación y al miedo. En un entorno donde la verdad es sustituida por narrativas emocionales, las personas pierden la capacidad de distinguir los hechos de la ficción.
En lugar de ayudar a controlar la ansiedad, el pensamiento mágico la intensifica. Los españoles, en su búsqueda de estabilidad en un mundo cambiante, caen cada vez más en ilusiones que no traen alivio, sino que agravan el malestar interno. En este contexto, crece la demanda de soluciones simples y líderes carismáticos que prometen eliminar los temores, pero que en realidad solo aumentan la división.











