
En los últimos años, España ha experimentado un notable incremento en la venta de productos falsificados, especialmente zapatillas deportivas y ropa. Cada vez más jóvenes compran zapatillas y camisetas falsas a través de tiendas online y redes sociales, donde blogueros e influencers promueven activamente este tipo de adquisiciones. Los vídeos con ‘unboxings’ de productos falsos consiguen miles de visualizaciones, y en los comentarios los usuarios comparten enlaces secretos y códigos para realizar pedidos.
Detrás de esta aparentemente inofensiva afición, se esconden organizaciones criminales bien estructuradas. Según el departamento de lucha contra los delitos de propiedad industrial de la Policía Nacional, los delincuentes utilizan plataformas online y redes sociales para promocionar y vender rápidamente productos falsificados, sin manejar físicamente la mercancía. Esto les permite minimizar riesgos y aumentar sus ganancias.
Uno de los casos más llamativos es el de tres jóvenes de una zona acomodada de Madrid, que en un año ganaron más de dos millones de euros vendiendo zapatillas deportivas falsificadas de colección por Internet. Ponían precios inferiores a los originales para pasar desapercibidos, y empleaban el sistema de dropshipping: el producto se enviaba directamente al cliente desde China, y para legalizar los ingresos crearon una empresa ficticia dedicada a vender camisetas de algodón.
La falsificación de productos sigue siendo uno de los delitos más lucrativos y relativamente poco sancionados. Según la escala, los infractores pueden enfrentarse a penas de seis meses a cuatro años, y si existen otros episodios delictivos, a cargos más graves como participación en grupo criminal y blanqueo de capitales.
En 2024, la policía llevó a cabo una gran operación contra una red que fabricaba zapatillas deportivas falsas en Portugal y las vendía a través de sitios web españoles. Durante los registros, se incautaron 20 toneladas de productos deportivos de conocidas marcas, con un perjuicio valorado en más de 20 millones de euros. Como resultado, seis personas fueron detenidas en España y otras diez en Portugal, además de descubrirse ocho fábricas clandestinas.
La mayor demanda de productos falsificados corresponde a artículos deportivos: zapatillas y camisetas representan la mayor parte de las 200 toneladas de falsificaciones incautadas en un año. Sin embargo, el mercado no se limita a internet: en verano, en plena temporada turística, vendedores ambulantes —principalmente originarios de Senegal— se vuelven más activos en las zonas costeras, ofreciendo bolsos y accesorios falsos. Antes de Navidad, aparecen también juguetes falsificados en el mercado.
Según las estadísticas oficiales, en 2023 las autoridades españolas incautaron más de 3,6 millones de productos falsificados por valor de 149 millones de euros. El producto líder es el textil (62% del total), seguido por juguetes, marroquinería y calzado.
La policía colabora activamente con los fabricantes y socios internacionales, incluidos los de China y Turquía, para identificar nuevos esquemas y evitar que las falsificaciones lleguen a las redes legales de venta. Las empresas informan sobre cambios sospechosos en las ventas, lo que ayuda a responder rápidamente ante las amenazas.
Los expertos señalan que la entrada de falsificaciones en los canales oficiales de venta perjudica no solo a las marcas, sino también a los consumidores, ya que pierden garantías de calidad. España ocupa el segundo lugar en la Unión Europea en volumen de comercio de productos falsificados, y el daño económico anual se estima en 5.700 millones de euros y cerca de 45.000 empleos.
La Asociación para la Defensa de las Marcas (ANDEMA) destaca que los compradores actuales de falsificaciones son principalmente jóvenes menores de 35 años, enfocados en la apariencia y la influencia del entorno. Para ellos, lo importante no es tanto la funcionalidad, sino pertenecer a una marca de moda, aunque el producto sea solo una copia visual del original.
La policía recomienda prestar atención a los detalles al comprar: una falsificación puede distinguirse por pequeños errores en los logotipos, colores o calidad de fabricación. Entre los productos incautados se encuentran no solo ropa y calzado, sino también accesorios, cosméticos, productos electrónicos e incluso alimentos.












