
En enero de 1986, Madrid se detuvo. La ciudad despedía a un hombre que fue mucho más que un alcalde. Enrique Tierno Galván falleció a los 67 años, dejando no solo un legado político, sino también una atmósfera especial que aún hoy se recuerda con cariño y respeto. En ese entonces, las calles de la capital se llenaron de multitudes: más de un millón de personas salieron a darle el último adiós. En la sala donde se instaló la capilla ardiente, la cola no cesaba: decenas de miles de ciudadanos querían despedirse personalmente.
Los organizadores del funeral no esperaban tal avalancha de gente. Tuvieron que cambiar los planes sobre la marcha: la procesión con el féretro por el centro de la ciudad duró el triple de lo previsto. La retransmisión televisiva de la ceremonia, dirigida por Pilar Miró, se convirtió en un acontecimiento nacional. Para la despedida trajeron especialmente desde Barcelona una carroza antigua tirada por seis caballos negros. Todo transcurrió en calma, sin incidentes, pero con una fuerza emocional extraordinaria.
La leyenda de la ciudad
Tierno Galván se convirtió en un símbolo de una época de cambios. Lo llamaban “el socialista honesto”, pero tras esa definición había una figura mucho más compleja. Era una persona capaz de unir a gente de todo tipo. En el escenario, donde se pronunciaban las palabras de despedida, monjas y punks con coloridas crestas se encontraban juntos. No era solo un político, era alguien capaz de encontrar un lenguaje común con todos.
El ex teniente de alcalde Juan Barranco recuerda cómo el actual alcalde de Madrid ayudó a organizar los actos conmemorativos. Según él, Tierno Galván poseía una rara combinación de inteligencia y sencillez. Era conocido como el “ilustrador cercano”, definición que, quizá, refleje mejor que ninguna su estilo.
Nuevos enfoques
Pilar Fernández, que en aquel entonces era abogada, dejó su profesión para unirse al equipo de Tierno. Rememora que en aquellos años Madrid carecía incluso de un sistema de servicios sociales: todo dependía de la caridad. Fue bajo la gestión de Tierno cuando surgió la primera estructura municipal enfocada en ayudar y apoyar a los ciudadanos. Su objetivo era sencillo: convertir Madrid en una ciudad para los ciudadanos, no para los súbditos.
En más de una ocasión, Tierno sorprendía a sus colegas por su manera de gobernar. Nunca daba órdenes directas, prefería sugerir suavemente: “Estaría bien si esto se resolviera” o “Sería interesante ocuparse de esto”. Pero todos sabían que si pedía algo, era imprescindible hacerlo. Se le respetaba por su capacidad para escuchar y por su memoria prodigiosa.
Un puente entre épocas
Tierno Galván era una figura que se sentía igualmente cómodo tanto en el ámbito académico como en las calles de la ciudad. Podía citar a Wittgenstein y, al cabo de una hora, apoyar los movimientos juveniles que más tarde serían conocidos como la Movida. Su estilo —una mezcla de erudición universitaria y apertura de calle— marcó un nuevo referente para el gobierno municipal.
En 1982, cuando el Papa Juan Pablo II visitó España, fue precisamente Tierno quien lo recibió y despidió, y lo hizo en latín. Era respetado no solo por sus conocimientos, sino también por su capacidad para conectar con todos. No temía a los cambios y apoyaba iniciativas culturales que transformaron la imagen de Madrid.
La ciudad del cambio
A principios de los años 80, Madrid era una ciudad marcada por la burocracia y las secuelas de la dictadura. La desigualdad, los suburbios y la falta de infraestructuras exigían soluciones urgentes. El equipo de Tierno afrontó el reto con entusiasmo. Fue entonces cuando surgieron proyectos como IFEMA, el planetario y Mercamadrid. Incluso los patos del río Manzanares forman parte de su legado.
Pero lo más importante que cambió fue la actitud hacia la ciudad y sus habitantes. Madrid se convirtió en un lugar donde cada uno podía sentirse parte de una gran comunidad. La ‘Movida’ no fue solo un movimiento juvenil; fue una explosión de energía que el propio alcalde impulsó. La ciudad empezó a respirar de otra manera.
Más que palabras
Hoy muchos recuerdan a Tierno Galván por sus frases célebres o las icónicas fotos en conciertos. Pero tras esa imagen hay una personalidad mucho más profunda. Sabía estar en el momento justo, decir lo preciso y permanecer en la memoria no solo como político, sino como alguien que realmente amaba su ciudad.
Es raro encontrar un líder igual de cercano a la academia, la juventud y los ciudadanos de a pie. Tierno Galván llegó a ser, para Madrid, quien aún es llamado ‘el verdadero alcalde’. Su legado no son solo los monumentos o los nombres de las calles, sino el propio espíritu de la ciudad que ayudó a forjar.












